En medio de las celebraciones por la Navidad y el inicio de las festividades de la Danza de los Negritos en Huánuco, diversas cofradías ya comenzaron a desfilar y bailar por calles y plazas, siguiendo una costumbre que se intensifica conforme se acerca la Nochebuena. Según lo anunciado por organizadores de la festividad, este año la ciudad de Huánuco también contará con un festival central que reunirá a cofradías de la región, mientras que en varios distritos continúan las celebraciones locales del nacimiento del Niño Jesús.
En ese escenario de música, zapateo y tradición, uno de los personajes más observados por el público es el Corochano (también referido como Gorrochano), integrante clave dentro de las cuadrillas. Su presencia suele destacar por su carácter satírico, su interacción con los espectadores y su papel dentro del orden del recorrido. Para los propios danzantes, su rol no es accesorio: acompaña la ruta, dinamiza el conjunto y se convierte en un punto de atención permanente durante la jornada festiva.
Control del recorrido
De acuerdo con la descripción recogida en la tradición y en estudios sobre la festividad, el Corochano representa de manera burlesca a los corregidores españoles, combinando un perfil autoritario con gestos satíricos y provocadores (Varallanos, 1987). Durante el desplazamiento de la cuadrilla, algunos corochanos danzan de forma independiente al compás de la música, mientras otros se dedican a abrir campo, ordenar el paso y controlar la relación con los espectadores.
En el recorrido, el Corochano también cumple una función de “corrector” dentro del grupo: puede señalar errores, reemplazar momentáneamente a integrantes o ayudar a sostener la dinámica del conjunto cuando la coreografía se desordena. Parte de su actuación incluye intervenir en la ruta para facilitar el tránsito y, en algunos casos, solicitar obsequios en bodegas o comercios del camino, incorporando a su personaje un componente teatral que el público suele reconocer.
Máscara, látigo y matraca
El Corochano se distingue por su indumentaria y por los elementos que lo acompañan. Tradicionalmente usa máscaras blancas que suelen representar rostros de ancianos calvos, con narices rojas y alargadas, bigotes y barbas largas; algunas variantes incluyen colmillos o rasgos animales como nariz de chancho, perro o mono, reforzando el tono caricaturesco del personaje. También porta instrumentos asociados a su rol: se le atribuye el uso de látigo y matraca, con los que interviene durante el recorrido, marca presencia y sostiene el carácter de “autoridad teatral” dentro de la danza.
Según la tradición oral y las descripciones etnográficas, el Corochano puede asustar a niños, perseguir con latigazos a quienes lo provocan o improvisar frases y gestos dirigidos a diferentes personas, variando su actuación según la edad o la reacción del público. A la vez, se le describe como galante con las damas y profundamente interactivo, lo que lo convierte en un personaje de doble filo: ordena y al mismo tiempo desordena, disciplina mientras provoca risa.




