El reciente mitin político celebrado en el hemiciclo del Palacio Legislativo en Lima ha generado una fuerte controversia y un claro cuestionamiento sobre el respeto hacia las instituciones democráticas del Perú. Organizado por el partido liderado por el prófugo Vladimir Cerrón, y con la participación destacada de su hermano Waldemar, el evento dejó en evidencia la utilización del Congreso como una mera plataforma para discursos políticos partidistas, en lugar de un espacio de debate y deliberación legislativa.
Lo que se presenció en los medios de comunicación la semana pasada no fue solo un acto político, sino una evidente apropiación del espacio público que representa el hemiciclo del Congreso. En lugar de servir como el escenario para la construcción de leyes que beneficien al país, fue utilizado para lanzar arengas en apoyo a un líder que se encuentra fuera del alcance de la justicia, alentando a sus seguidores a persistir en la lucha por controlar todos los poderes del Estado. Este acto no solo desvirtúa la función del Congreso, sino que socava la confianza de la ciudadanía en sus representantes.
El hecho de que ningún otro legislador o autoridad levantara la voz para condenar esta situación, deja entrever la profunda crisis institucional en la que está sumido el Parlamento peruano. Este tipo de eventos desmoraliza a la población, que ya percibe a sus congresistas como figuras desacreditadas y alejadas de las necesidades del pueblo. Es lamentable que se llegue al punto en que, al regresar a sus distritos, estos mismos legisladores sean recibidos con abucheos y rechazo, una muestra clara del distanciamiento entre los ciudadanos y sus representantes.
El abuso de poder manifestado en este mitin no solo es un síntoma de la descomposición política actual, sino que también abre la puerta a que otros partidos exijan el mismo derecho de utilizar el hemiciclo para sus propias campañas. Si este tipo de prácticas se normaliza, el Congreso dejará de ser un símbolo de la democracia para convertirse en un simple escenario de confrontación política.
El país enfrenta un momento crítico, en el que es fundamental que los ciudadanos reflexionen sobre la calidad de sus líderes y representantes. En las próximas elecciones, se espera que el electorado tome decisiones que promuevan un cambio real, evitando la reelección de aquellos que han demostrado vivir a costa del sufrimiento del pueblo. Es hora de que el Perú mire hacia el futuro con la firme convicción de que la corrupción y el abuso de poder no pueden seguir siendo tolerados.




