El club del caminante: Visita al Vraem (V). El viaje

Por Luis Durand Trujillo
Después de este recorrido por Pichari nos dirigimos a su cercano balneario de Puerto Mayo, ubicado sobre una gran terraza que mira al Apurímac, y cuenta con todos los servicios para el turista (hoteles, restaurantes, etc.). Aprovechamos para degustar una particularidad de su gastronomía: el cebiche de piña, asentado con agua de carambola. La vista es tan clara que se ve brillar el sol con toda nitidez hasta algún meandro en el río. Por lo demás, la uniformidad de la selva es igual a la uniformidad de las olas, hasta el color es casi el mismo, un verde deslavado.
Con tanta selva el tiempo se hace corto y debemos continuar hacia la próxima población que es Sivia. Nos dirigimos a su terminal terrestre donde tomamos un vehículo de servicio público que cubre la ruta cruzando el río mediante botes cautivos o motor que prestan este servicio noche y día. El tráfico es constante entre Pichari y Sivia, con gran movimiento de mercadería y pescadores. Hay un atractivo más: un restaurante flotante (barcaza acondicionada con este fin, que realiza además, paseos por el río).
Sivia, capital del distrito del mismo nombre (provincia de Huanta), es un bullicioso poblado, con características similares a Pichari en el aspecto urbanístico y a San Francisco, en cuanto a restaurantes y comercio. Empero, hay algo que lo distingue, y son las instalaciones del Parque Natural de Sivia. Una especie de zoológico en el que se exhiben animales capturados en ambos márgenes del río Apurímac. En la entrada del zoológico se exhibe una placa que indica que fue inaugurado en diciembre de 2001. En este lugar conviven, refiere el guardián, 38 animales en una extensión de 6 hectáreas; entre ellos el otorongo, el águila arpía, lechuza, erizo, lagartos, nutria de río, zorro y la estrella del zoo: el cóndor de la selva.
Terminamos la visita al atardecer, cuando el sol comenzaba a caer sobre el horizonte azul que se extendía ante nuestros ojos.
En la última etapa de nuestro viaje llegamos a Puerto Ene, por una trocha carrozable que recorre las profundidades del valle del río Ene. A media hora de Sivia, está Llochegua (capital de ese distrito en la provincia de Huanta) y cercana a Mayapo (en donde años atrás el narcotráfico construyó pistas de aterrizaje clandestinas, que ya fueron destruidas). Al norte de estas localidades, el río Apurímac, luego de recibir por su margen izquierda las aguas del Mantaro y toma el nombre de Ene y continua así, discurriendo por gran parte del valle de Satipo (Junín).