El césped híbrido es una realidad llegada al fútbol en Europa desde hace 5 años y se ha convertido en una herramienta básica de trabajo para los futbolistas, capaz de evolucionar temporada tras temporada: además de aportar estabilidad al suelo y lograr reducir el número de lesiones en los jugadores, ofrece un bello aspecto estético en los estadios.
En la actualidad, existen dos tipos. El primero se conoce como cosido y cuenta con fibras de entre 15 y 18 centímetros que se inyectan directamente en el suelo en un proceso con dos posibilidades: una de ellas, coser con una máquina sobre los rollos de césped natural ya extendidos. La alternativa es coser sobre el terreno desnudo antes de realizar la siembra. Esta inyección supone aproximadamente el 3 % de las fibras que hay por el campo, pues el 97 % son naturales. Una cifra insignificante que, sin embargo, se convierte en fundamental en los terrenos de juego.
Se trata del Grassmaster, que permite disfrutar de un césped «cuya vida útil es superior a los 10 años» en un estadio que además «no recibe eventos durante el verano».
El segundo sistema utilizado es la malla, cuyas fibras alcanzan los seis o siete centímetros, sobresaliendo uno por encima del césped. Lo comercializa la empresa Royalverd que también se ocupa del mantenimiento, requiere eliminar la cubierta vegetal existente y los primeros centímetros de subsuelo antes de extender los rollos de césped, ya híbridos.




