La inauguración del nuevo terminal del Aeropuerto Jorge Chávez, un proyecto largamente esperado, se encuentra en una etapa crítica. Tras múltiples aplazamientos, el sector aéreo observa con atención los avances finales, cruciales para impulsar la conectividad y el turismo en el país. La ampliación del aeropuerto, que busca duplicar el número de vuelos por hora, representa una oportunidad para consolidar a Lima como un importante centro de conexión en la región, compitiendo con hubs como Panamá y Bogotá.
Según el reportaje de El Comercio, Peter Cerdá, CEO de la Asociación de Transporte Aéreo de América Latina y el Caribe (ALTA) y líder regional de IATA, ha expresado tanto optimismo como preocupación frente a la situación actual. El ejecutivo destaca el crecimiento del tráfico doméstico en 2024, que superó los niveles pre-pandemia, y la llegada de nuevas aerolíneas internacionales al Perú. Sin embargo, advierte sobre la falta de coordinación entre el sector aéreo y el gobierno, que ha derivado en retrasos en la construcción de los accesos terrestres al nuevo terminal.
Cerdá enfatiza la importancia de que el sector aéreo sea considerado un actor clave en la toma de decisiones gubernamentales. Señala que la demora en la inauguración del aeropuerto y la falta de infraestructura terrestre adecuada son resultado de una deficiente colaboración entre la industria y el gobierno. Esta situación, afirma, impacta negativamente al ciudadano peruano y a los viajeros, quienes se ven afectados por las constantes postergaciones y la falta de conectividad eficiente.
Uno de los puntos más críticos, según Cerdá, fue la fijación de la fecha inicial de inauguración para el 18 de diciembre, que el sector consideraba inviable desde meses antes. La apertura en esa fecha, en plena temporada alta y con problemas pendientes en el sistema de equipaje, habría generado un caos en el sector. Además, el ejecutivo lamenta las fallas recurrentes en el sistema aeroportuario, como el apagón en la pista del aeropuerto en 2024, que evidenciaron las carencias en los sistemas de respaldo.
A pesar de los desafíos, Cerdá reconoce que la coordinación entre el sector aéreo y el gobierno ha mejorado en los últimos meses, especialmente tras la demora del 18 de diciembre. Destaca el involucramiento del ministro del MTC, que ha facilitado el flujo de información y la realización de reuniones regulares. Sin embargo, insiste en la necesidad de completar las pruebas pendientes para garantizar la seguridad y eficiencia de las operaciones en el nuevo terminal. Cerdá también menciona que las aerolíneas están listas para operar en el nuevo aeropuerto e incluso incrementar su oferta de servicios, a la espera de la confirmación de LAP y el regulador.
Mirando hacia el futuro, Cerdá subraya la importancia de mejorar los aeropuertos secundarios en el país. Actualmente, el 92% del tráfico internacional en Perú entra y sale por Lima, lo que limita el desarrollo de otras ciudades como Trujillo, Cusco y Chiclayo. El ejecutivo propone crear más conectividad entre estas ciudades y destinos internacionales, complementando el flujo de pasajeros que pasa por la capital. Asimismo, plantea la necesidad de reducir los impuestos al sector aéreo para aumentar la competitividad del país y estimular el turismo, un sector estratégico para la economía peruana. Cerdá se muestra optimista con respecto a la recuperación de los viajeros internacionales en Perú, especialmente si se logra una temporada alta exitosa en junio-julio-agosto. No obstante, advierte sobre los retos que enfrenta la industria a nivel global, como la falta de aeronaves y los problemas con los motores.
Finalmente, Cerdá destaca la organización del foro y asamblea de ALTA en Perú, un evento clave para la industria aérea en América Latina y el Caribe. Esta será la primera vez que se realice en el país, lo que representa una oportunidad para promocionar a Lima como un destino estratégico y potenciar su conectividad en la región. Sin embargo, el ejecutivo concluye señalando que el nuevo terminal del Aeropuerto Jorge Chávez es una “isla” debido a la falta de accesos terrestres adecuados, como la avenida Santa Rosa, cuya construcción se ha retrasado. Esta situación, afirma, es responsabilidad tanto de LAP como del gobierno local y regional, y afecta la experiencia de los viajeros.




