La política francesa se enfrenta a un momento de alta tensión tras la inhabilitación de Marine Le Pen para ejercer cargos públicos durante cinco años, una decisión judicial que, según advirtió la propia Le Pen, podría privar a millones de franceses de su candidata presidencial. Este fallo, derivado de un juicio por malversación de fondos, plantea serias dudas sobre la estabilidad de la Quinta República y la capacidad del sistema político francés para gestionar la previsible ola de protestas que se avecina, todo ello a menos de tres años para las elecciones de 2027.
Según la investigación publicada por The New York Times, el veredicto ha dejado a un importante sector del electorado francés “a la deriva y enfurecido”, una situación que contrasta fuertemente con el caso de Donald Trump en Estados Unidos, quien, a pesar de enfrentar juicios y acusaciones, logró llegar a la presidencia, posiblemente beneficiándose de la percepción de persecución política.
La inhabilitación de Le Pen se produce en un contexto global donde la legitimidad de los sistemas legales está siendo cuestionada, particularmente en Europa y en Estados Unidos, donde figuras como Trump han atacado abiertamente a jueces y procesos judiciales. Esta tendencia a desacreditar las instituciones judiciales podría exacerbar la reacción a la inhabilitación de Le Pen, alimentando la narrativa de una justicia politizada y sesgada.
Valérie Hayer, una legisladora centrista del Parlamento Europeo, defendió la independencia del sistema judicial francés, argumentando que “nadie está por encima de la ley”. Sin embargo, esta visión enfrenta un fuerte desafío, especialmente de figuras como Elon Musk, quien, tras el veredicto, acusó a la “izquierda radical” de abusar del sistema legal para encarcelar a sus oponentes políticos. Esta retórica, proveniente de figuras influyentes, podría amplificar la sensación de injusticia entre los seguidores de Le Pen.
La situación en Francia se complica aún más por el auge de movimientos populistas y nacionalistas en toda Europa, que han capitalizado el descontento social y la desconfianza en las élites políticas y económicas. La inhabilitación de Le Pen podría servir como catalizador para estos movimientos, que podrían movilizar a sus bases y exacerbar las tensiones sociales y políticas.
El fallo judicial contra Marine Le Pen se da en un momento en que la sociedad francesa ya se encuentra dividida por temas como la inmigración, el desempleo y la desigualdad social. La ausencia de una figura política clave como Le Pen en el panorama electoral podría desestabilizar aún más el sistema político, generando un vacío que podría ser aprovechado por otros líderes o movimientos extremistas. El Partido Nacional, fundado por Jean-Marie Le Pen en 1972, ha sido una fuerza importante en la política francesa durante décadas, y su ausencia podría tener consecuencias impredecibles.



