El caos se agrava en el nuevo sistema de ayuda a Gaza

La ayuda humanitaria en Gaza se encuentra en una situación crítica, con centros de distribución sumidos en el caos y acusaciones cruzadas que dificultan la llegada de alimentos a una población desesperada. La reciente implementación de un nuevo sistema de ayuda, diseñado para evitar la estructura tradicional gestionada por Naciones Unidas, ha estado plagada de incidentes violentos y denuncias de manipulación política.

Según la investigación publicada por The New York Times, los centros de distribución del nuevo sistema de ayuda para Gaza, ya criticado, se vieron envueltos en un nuevo caos este lunes, en medio de acusaciones y negaciones de que Hamas había amenazado durante el fin de semana con atacar a los trabajadores del grupo respaldado por Israel que distribuía suministros de alimentos.

La Fundación Humanitaria de Gaza, entidad creada para eludir el sistema de distribución de la ONU, denunció amenazas por parte de Hamas contra su personal. Hamas, a su vez, ha rechazado estas acusaciones, tildando a la fundación de parcial y acusándola de difundir desinformación. Este cruce de acusaciones genera un clima de desconfianza que afecta directamente a la población civil, ya de por sí vulnerable.

Desde la puesta en marcha de este nuevo sistema a finales de mayo, se han registrado tiroteos cerca de los centros de distribución, causando decenas de muertos y cientos de heridos. El ejército israelí ha admitido haber disparado cerca de personas que se desviaron de las “rutas de acceso designadas” y que no respondieron a las advertencias verbales. Funcionarios de salud de Gaza, por su parte, aseguran que decenas de palestinos han perdido la vida intentando acceder a la ayuda.

El conflicto bélico entre Israel y Hamas ha devastado la infraestructura de Gaza y ha obligado al desplazamiento forzado de casi la totalidad de sus dos millones de habitantes. Las restricciones impuestas por Israel a la entrada de alimentos, combustible y otros bienes esenciales, aunque levantadas a mediados de mayo tras casi 80 días, han exacerbado la crisis humanitaria, llevando a la población al borde de la inanición. Es importante recordar que, según datos de la ONU, antes del conflicto, el 80% de la población de Gaza ya dependía de la ayuda internacional.

La controversia no se limita a las amenazas y la violencia. La propia logística de la distribución es confusa e impredecible para los gazatíes. La fundación ha sido criticada por anunciar aperturas y cierres de centros de forma repentina, generando frustración y dificultando el acceso a la ayuda. Un ejemplo claro es el anuncio de la apertura de un centro en su página de Facebook, seguido, menos de 20 minutos después, por la notificación de su cierre debido a la finalización de la distribución. Los comentarios en la publicación reflejaban la indignación de la población.

La Fundación Humanitaria de Gaza también ha enfrentado problemas internos. Su director ejecutivo renunció horas antes del inicio de las operaciones y la consultora estadounidense Boston Consulting Group retiró su apoyo, alegando falta de transparencia sobre la naturaleza del trabajo. Este cúmulo de dificultades internas y externas pone en duda la eficacia y la sostenibilidad del nuevo sistema de ayuda.

Organizaciones internacionales advierten que la población de Gaza sigue en grave riesgo de desnutrición. La FAO ha señalado que el gazatí promedio recibe solo dos tercios de la ingesta calórica diaria necesaria, y ha advertido que impedir el flujo de ayuda podría constituir un crimen de guerra. La situación es especialmente grave en el norte de Gaza, donde el acceso a los centros de distribución es más complicado.