La política, la comicidad y el ridículo no son novedades en campaña electoral. Alguien tiene que juramentar como presidente del Perú el 28 de julio de 2026. ¿Es un dogma que cada pueblo se merece los gobernantes que tiene? Si no conservamos la memoria histórica, estamos condenados a repetir los errores de antes. En el Perú, un ciudadano puede ser elegido por el voto popular, si es que cumple con los requisitos de ley. Todos pueden aspirar -o soñar- a presidente de la república o regional, alcalde o congresista. ¿Qué le impide a un emolientero ser congresista de la república? ¿Qué le impide ser presidente de la república a un decano de colegios profesionales? Faltan 11 meses para las elecciones generales. El humorista Carlos Álvarez tiene pretensiones de ser el siguiente inquilino de palacio de gobierno. Nadie se lo puede impedir, ni su pasado ni su futuro. El pueblo es el soberano. Solo tiene que ir donde el electorado para persuadirlo. Si la gente canjea su voto por un kilo de arroz o un táper o se deja engañar por la demagogia y la astuta publicidad es responsabilidad ciudadana. Somos dueños de nuestro voto. Se podría establecer un manual para desempeñar un cargo público de alta investidura: competencias profesionales, integridad moral, habilidades socioemocionales, conocimiento de las necesidades del pueblo que va a gobernar y un equipo idóneo para ejecutar los planes y programas expuestos en la campaña electoral. Lo demás es moverse dentro de las reglas y normas legales de la gestión pública. Ningún gobernante maneja a su antojo la institución, el presupuesto, bienes del Estado ni recursos humanos. Se alinea al bienestar y desarrollo de la sociedad. Que un presidente haya estudiado en Harvard, tenga doctorados, sea políglota, autor de libros best seller o haya recorrido países del mundo no garantiza efectividad en el desempeño; es también actitud, diligencia y resultado. Me sirven de orientación tres columnas de opinión política: Elecciones 2026: Carlos Álvarez y Vladimir Meza, el presente y pasado de los hombres fuertes de País para Todos (Mauricio Muñoz, La República, 11-5-2025), Carlos Álvarez, esto es en serio (Fernando Vivas, El Comercio, 28-4-2025) y Crisis de representación, tantas veces (Alberto Vergara, La República, 6-10-2024).
Ningún candidato es subestimable; ignorarlo, un error de cálculo político; existe la palabra outsider. Carlos Álvarez Loayza tiene 61 años, comediante de televisión, lo vimos actuar en Risas y Salsa y El Especial del Humor. Reímos con sus imitaciones caricaturescas de políticos. Quiere ser presidente del Perú. No es una utopía; en el Perú todo es posible. Va a postular con el partido País para Todos de Vladimir Meza. Cuando sea presidente, lo más probable es que el tal Vladimir actúe como el otro Vladimir de Perú Libre. El poder de facto detrás del poder legítimo y democrático. Antes de ser elegido presidente de Guatemala, en 2015, Jimmy Medina era un comediante del programa televisivo Moralejas. El electorado lo prefirió antes que a un político con malas costumbres en el poder. En 1990, el Perú decidió por un ingeniero agrónomo y no por un escritor. Veinte años después, Vargas Llosa recibía el Premio Nobel de Literatura; Alberto Fujimori fue sentenciado por delitos de lesa humanidad. Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania desde 1919, es también un actor cómico. En 1995, creó la serie televisivaEl Servidor del Pueblo, programa de sátira política, donde Zelensky era un ficticio presidente de Ucrania. Susy Díaz fue congresista de la república. El Perú es el país de las maravillas políticas. Solo falta que Melcochita y los cómicos ambulantes sean elegidos diputados y senadores en las próximas elecciones. Esopodría ser el alto precio de la indiferencia por la política y el vacío que deja la confiabilidad.
¿Qué postura política e ideológica representa Carlos Álvarez? Son frecuentes los candidatos desideologizados, aquellos que no pertenecen a partidos políticos fundacionales. Estamos a tiempo para someter escrupulosamente a nuestra responsabilidad cívica a la razón, al discernimiento y al argumento certero. Luego de que un candidato sea electo, no hay marcha atrás. En política, no hay cadáveres ni desahuciados; resucitan en elecciones; el pasado es purgado con los detergentes de la amnesia histórica y el marketing político. Dice Maite Vizcarra: “No es chiste. O, mejor dicho, es uno de esos chistes que empiezan como broma y terminan como posibilidad real. Carlos Álvarez, el actor cómico, que por décadas ha imitado a nuestros políticos más pintorescos, suena con fuerza en las muy tempranas encuestas de cara al 2026. ¿Puede ganar? ¿Estamos ante el Zelenski peruano?” No es lo mismo hacer reír con imitaciones que gobernar un pueblo.
¿Cualquiera debe ser presidente? Un profesor presidente no garantiza que la educación se eleve a los niveles de Finlandia. Carlos Álvarez quiere dar un salto de garrocha desde el humorismo en televisión a palacio de gobierno. No basta ser la cabeza visible de un partido en las elecciones, sino quiénes acompañan. Los partidos “vientres de alquiler” siguen vigentes. ¿Acaso Pedro Castillo era militante de Perú Libre? Vladimir Cerrón es el dueño e imponía sus condiciones. Pedro erael rehén, sin poder autónomo ni sostén político en el congreso. El electorado tendrá el 2026 un menú político complicado, enredado y con escasasposibilidades de votar correctamente. Desde 1980, año de la recuperación de la democracia, tras 12 años de dictadura militar, fueron presidente de la república un arquitecto, tres abogados, tres ingenieros, un militar, dos economistas, un empresario, un profesor de primaria. Si Carlos Álvarez ganara las elecciones, sería el primer comediante presidente del Perú. Un gobernante tiene que exhibir concretamente confiabilidad, credibilidad, experticia y comunicación efectiva; sin estas el fracaso es inminente. Escribe Alberto Vergara: “El mejor negocio que puede realizar un grupo de peruanos en estos días es organizarse, alquilar un grupo de congresistas y conseguir que produzcan una legalidad a la medida de su negocio. Por eso se trata de un país con leyes y sin institucionalidad, con derecho y sin justicia”.
El desprecio a los políticos es innegable. Me apena que la presidenta tenga 0% de aprobación, que se haga a la sorda y muda con el periodismo, muestre soberbia ante la crítica y la discrepancia. Democracia es comunicación, participación y derecho a la disensión, sin censura ni persecución. Me apena que el congreso no sea la caja de resonancia del sentir de los ciudadanos. Me apena que se siga creyendo que lo mejor que podemos hacer, en esta crisis institucional, es alejarnos de la política, de las responsabilidades cívicas. Está en la decisión y convicción del elector quién debe ser el ganador en las elecciones del 12 de abrilpara los siguientes cinco años. Esa es la democracia; en dictadura eso no se podría hacer.




