EL ARTISTA HUANUQUEÑO MÁS TRASCENDENTAL DEL SIGLO XX

EL ARTISTA HUANUQUEÑO MÁS TRASCENDENTAL DEL SIGLO XX

Por Israel Tolentino

El dibujo le nace del dedo, como la creación en Dios, la curva dibujando el movimiento, el movimiento generando la vida, la vida encarando infinitos rostros. Esta acción asombraba a los ojos antiguos, hasta el punto de sentir que el que te dibujaba, se apoderaba de tu alma. Dibujar, significaba simplemente capturar el alma.

El maestro Oswaldo Sagástegui Córdoba (Llata, 1936) descubrió un día en su mirada, la capacidad por desentrañar misterios o seducirse en las bondades de las formas y los volúmenes, tenía diez años, el amigo que dibujaba con él se llamaba Virgilio López y desconocían que aquello que salía de esas kekas (piedra caliza) sobre las pistas de la plaza de Huánuco guiadas por sus dedos, eran espíritus que se quedarían con ellos por toda su existencia. Un hacer que se volvió el oficio de su vida, con infinitud de posibilidades, riqueza técnica para inmortalizar momentos, atrapar a personajes de todas las latitudes con sus historias; la pluma y tinta negra sobre papel en la mano de Sagástegui crearon alucinadas situaciones. El tiempo confirma que es el más prolijo y talentoso dibujante que esta heredad ha dado al Perú.

Oswaldo Sagástegui, crítico de arte Jorge Bernuy y su
promoción Enrique Galdós Rivas.

Se reúne, por primera vez, en una antológica, personajes de la historia Mundial y Latinoamericana del siglo XX. El arte del dibujo, en su faceta denominada caricatura, obras hechas en Lima y ciudad de México, lugar donde Sagástegui potenció este talento.  En la caricatura, se puede reunir y juntar en un espacio euclidiano a EEUU. Dándole la mano a Viet Nam, las más desquiciadas situaciones.

El dibujo es intimidad. El espacio y la luz, el modelo y el artista dibujante, los materiales y el soporte en blanco, mirándose, observándose, resolviendo la forma tridimensional en la libertad de unas cuantas líneas. Imaginar a Amedeo Modigliani teniendo a Jeanne horas posando para luego representarla en dos trazos; a Picasso y Matisse, como cazadores apuntando a su bisonte, con su pluma y moleskine. Recordemos ahora, mirando los dibujos expuestos, a nuestro querido Oswaldo frente a sus personajes convirtiéndolos en instantes.

El maestro, consigue capturar cada personaje en unas rayas y ponerles en la situación deseada, todo resuelto en los pocos minutos que se tiene frente a ellos; para eso se necesita ser un observador veloz; resolver la geografía del modelo con rapidez y hacerlo parte del ojo. Cerebro, mano y pluma un trío perfecto.

Oswaldo Sagástegui llega a México, un lugar altamente competitivo, en 1965 a exponer en la famosa Galería Souza, traba amistad con José Luis Cuevas y Manuel Felguérez, es temporada del movimiento que cambiará el arte mejicano llamado La ruptura; en 1968 decide asentarse en ese país, trabaja en el diario Excélsior junto con Juan Acha y Octavio Paz, logra ganarse, en silencio, un sitial entre los maestros del dibujo y la caricatura del país azteca. Este homenaje del Centro Cultural de la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú, su alma Mater, cuenta con el apoyo generoso de sus hijos: Iván, Mauricio, Rodrigo y amigos entrañables como Qelo Llaque.

EEUU. Saludando a Viet Nam.

En esta muestra antológica, acompañado de su hijo Iván y un puñado de paisanos: Vicente, Tania, Dina, Miquel, Ainhoa, Wiliam y Miguel, le regala a su tierra, un hermoso conjunto de “Memorias Dibujadas” es un gran paso para devolverlo a la mirada nacional de los jóvenes estudiantes, quienes cuántas veces, con cierta frustración, creen que no tienen antecedentes, válida la trascendencia de esta exposición, la publicación de 1985 donde el Museo de la Caricatura en Basilea, Suiza, publica un libro “SAMMLUNG KARICATUREN & CARTOONS” con los mejores caricaturistas del siglo XX, una página dedicada al maestro Oswaldo Sagástegui, y a artistas como Quino, George Grosz y otros lápices talentosos del orbe.

El dibujo y el artista, han estado en comunión desde que se descubrieron por primera vez; cuando el mono humano removiendo con su índice la ceniza del fuego agotado, descubría en el fondo de la tierra húmeda y tibia aparecer el trazo, la huella, esa forma inconsciente, a modo de un espíritu que se devela, como Oswaldo Sagástegui, en esta inauguración (Prusia, abril 2023).

Memorias Dibujadas: sala de Centro Cultural Bellas
Artes en Lima.