Andrés J. Santamaría Hidalgo
En vísperas de la Navidad 2017, el entonces presidente Kuczynski resolvió concederle el indulto a Fujimori en respuesta al respaldo de Kenji y sus ‘avengers’ contra la vacancia planteada por el Congreso y les malogró la noche buena a los anti fujimoristas. Esto le costó la presidencia, pues lo llevó poco después a la renuncia, ante la presión del Congreso. En un caso similar el fiscal de la Nación no les renueva el contrato a los fiscales Vela y Pérez y los aguados de Año Nuevo son esta vez los gobiernistas. Vizcarra se viene volando de Brasil desairando su asistencia a la juramentación de Bolsonaro y pone el grito en el cielo, lo cual es interpretado por sus adversarios como el pánico a la arremetida de Chávarry contra sus entuertos en el caso Chinchero y otros. Ante la presión de la prensa mediática que hace suya la calle, el fiscal da marcha atrás y deja sin efecto su resolución anterior y les renueva el contrato a los fiscales del caso Lava Jato.
Es evidente que existe un enfrentamiento entre estas dos cabezas, con repercusiones a todo nivel, al mismo estilo de pizarristas contra almagristas, que mantiene la economía prácticamente paralizada o con inversiones que no corresponden a un crecimiento sostenido, tanto del sector privado como público, nacional y extranjero, enmarcado en una incipiente política tanto de la izquierda como de derecha con sus matices personalizados por sus protagonistas de turno. En este desbarajuste, importante papel juega la prensa mayor, la de los grandes intereses económicos del país, como diarios nacionales, canales de televisión, cadenas radiales, que manejan a su antojo la opinión pública, llevándola por los cauces que les conviene, y en medio de esta batahola, los de a pie, nos peleamos estúpidamente por ideales que no son, haciéndole el juego a la mafia organizada que se mete como caries en todos los ámbitos de lo que llamamos nuestra política. Nuestra intrincada política.
Desde tiempos inmemoriales los gobiernos de turno han procurado hacerse de los organismos públicos que de alguna manera controlan la vida política del país. El APRA siempre ha sido acusada de manejar a su antojo el Poder Judicial a fin de cautelar ‘sus intereses’, Acción Popular se preocupó más por los organismos que manejan el dinero como el Ministerio de Economía y Finanzas, Velasco Alvarado confiscó la prensa, porque veía en ella un cuarto poder sumamente influyente en la opinión pública, el gobierno de Fujimori, a través de Montesinos, copó con rigor el aparato militar a fin de garantizarse el control de los cambios que se dieron en la nueva Constitución, que a pesar de habernos sacado del atolladero económico, halló fuerte resistencia en la izquierda privada de sus argumentos socializantes.
Hoy en día es evidente que el Gobierno en una especie de escenificación de la fábula de Esopo ‘El lobo con piel de oveja’, se trata de apoderar del Ministerio Público a fin que no salgan a la luz los álgidos problemas del presidente de cuando era gobernador y ministro de Transportes de PPK en el caso Chinchero y la Interoceánica. Mientras el fiscal cual oveja con sangre de lobo se entornilla en su cargo. Así las cosas, la ansiada lucha contra la corrupción nuevamente se convierte en una simple lucha entre políticos.



