Estados Unidos ha acusado formalmente a Rusia de violar la Convención sobre las Armas Químicas al emplear cloropicrina y agentes químicos antidisturbios contra las fuerzas ucranianas, según un comunicado reciente del Departamento de Estado. La acusación sostiene que Rusia ha utilizado estas sustancias no solo como táctica de guerra, sino como parte de una estrategia más amplia para debilitar las defensas ucranianas y avanzar en el campo de batalla.
El Kremlin, por su parte, ha negado categóricamente las acusaciones, afirmando que Rusia continúa cumpliendo con sus compromisos internacionales y negando la posesión de armas químicas. Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, reiteró el compromiso de Rusia con las normativas internacionales que prohíben el uso de armas.
En respuesta a estas violaciones alegadas, Estados Unidos ha impuesto un nuevo conjunto de sanciones dirigidas a individuos y empresas tanto rusas como chinas que, según Washington, apoyan las capacidades químicas y biológicas militares de Rusia. Las sanciones también buscan cortar los flujos de financiamiento hacia la invasión rusa de Ucrania.
Este desarrollo se produce en un contexto de tensiones crecientes, recordando incidentes anteriores como el envenenamiento del opositor ruso Alexéi Navalni y el ataque a Serguéi y Yulia Skripal en el Reino Unido, casos que Estados Unidos ha relacionado con el patrón de comportamiento de Rusia respecto al uso de armas químicas.




