Huánuco ha sido, por años, una región olvidada en materia educativa. La precariedad de su infraestructura escolar, la falta de condiciones adecuadas para la enseñanza y los bajos niveles de aprendizaje han sido problemas recurrentes. Ahora, con una nueva gestión en la Dirección Regional de Educación y la intervención de la Contraloría para supervisar la situación de las escuelas en la región, podría pensarse que algo empieza a moverse. Sin embargo, la experiencia nos ha enseñado que los anuncios y las intenciones no garantizan mejoras reales. Hasta que no haya resultados concretos, cualquier expectativa debe tomarse con cautela.
El reciente viaje del director regional de Educación a Lima, donde expuso la crítica situación de los centros educativos, es un paso necesario, pero insuficiente. Si bien se ha manifestado la urgencia de remodelar y construir nuevas instituciones, la falta de proyectos con estudios técnicos y documentación respaldatoria sigue siendo un obstáculo. Este tipo de deficiencias administrativas no es nueva en Huánuco ni en otras regiones del país. La historia nos ha mostrado que sin una gestión ordenada y eficiente, las promesas quedan en el aire y los problemas se perpetúan.
A la crisis de infraestructura se suma la deficiencia en la formación docente, un factor clave que contribuye al bajo rendimiento estudiantil. En un contexto donde la educación exige cada vez mayor preparación tecnológica y metodológica, Huánuco sigue rezagado. En las zonas rurales, la falta de recursos es aún más evidente, y la brecha con respecto a otras regiones del país no hace más que ampliarse.
El panorama no deja margen para el optimismo infundado: el 80% de los centros educativos de la región están en condiciones deplorables, con muchos de ellos declarados inhabitables por Defensa Civil. Mientras tanto, los alumnos y docentes continúan expuestos a instalaciones que representan un riesgo para su seguridad.
La intervención de la Contraloría podría, en teoría, marcar un punto de inflexión si se acompaña de medidas concretas y soluciones reales. Pero la vigilancia y supervisión no garantizan acción inmediata. Hasta que no se materialicen proyectos, se asignen presupuestos y comiencen las obras, todo quedará en simples intenciones.
Huánuco necesita respuestas urgentes, pero también necesita transparencia y responsabilidad. No se trata de celebrar gestiones prematuras ni de confiar en promesas que tantas veces han quedado en el olvido. La población ya ha visto pasar demasiadas autoridades sin cambios reales. Por ahora, solo queda esperar, pero sin bajar la guardia ni dejar de exigir lo que realmente se necesita: educación digna y de calidad.




