Educación digital urgente: desinformación y tecnología impulsan ola de fraudes en el país

La digitalización de servicios en Perú ha transformado la manera en que los ciudadanos acceden a sus finanzas, compran, pagan y gestionan su día a día. Sin embargo, esta evolución también ha traído consigo un desafío creciente: el aumento sostenido del fraude digital, una amenaza que hoy mantiene en alerta a miles de peruanos. Según el informe ‘Radiografía de la seguridad digital en Lima: perspectivas para 2025’, elaborado por Experian Perú, el 90% de los limeños teme ser víctima de una estafa en línea, una cifra que refleja el clima de inseguridad que domina el entorno digital actual.

“La tecnología seguirá evolucionando y los canales digitales no desaparecerán, por lo que debemos convertir la prevención en una prioridad”, advierte Alfredo Monasi Querzola, especialista de Experian Perú, en diálogo con Infobae Perú.

El uso masivo de billeteras digitales, transferencias electrónicas y comercio en línea, impulsado especialmente desde la pandemia, ha abierto las puertas a nuevas formas de vulnerabilidad. Si bien estos avances han facilitado el acceso financiero y reducido la dependencia del efectivo, también han sido terreno fértil para ciberdelincuentes que perfeccionan sus métodos para engañar a los usuarios más inexpertos.

La desinformación digital: el talón de Aquiles de los usuarios

Uno de los hallazgos más alarmantes del informe es la falta de educación en ciberseguridad. El 44% de los limeños se siente desinformado sobre los riesgos digitales, lo que los convierte en un blanco fácil para los estafadores. El especialista Monasi explica que esta brecha de conocimiento permite que técnicas como el phishing y el smishing (mensajes de texto fraudulentos) sigan siendo altamente efectivas.

“Aunque cada vez más personas usan métodos de pago seguros como tarjetas virtuales y autenticación en dos pasos, el desconocimiento sigue siendo el mayor obstáculo en la lucha contra el fraude digital”, señala Monasi.

Esta desinformación se ve agravada por la ausencia de campañas masivas de concientización y por una limitada incorporación de programas educativos sobre ciberseguridad en colegios, universidades y centros laborales.

Fraudes más sofisticados: el impacto de la inteligencia artificial

Los métodos tradicionales de engaño han quedado en el pasado. Hoy, los delincuentes digitales se apoyan en herramientas tecnológicas como la inteligencia artificial (IA) para llevar a cabo estafas más creíbles y personalizadas. Un ejemplo son los deepfakes, que permiten imitar la voz y apariencia de personas reales, y que ya se están utilizando para engañar a familiares, empresas e incluso personal bancario.

“Ahora los estafadores utilizan información de redes sociales y bases de datos filtradas para hacer que sus engaños sean más creíbles y efectivos”, explica Monasi.

A esto se suma el crecimiento de negocios falsos en redes sociales, donde se ofrecen productos inexistentes, se reciben pagos anticipados y luego se desaparece sin dejar rastro. Plataformas como WhatsApp, Telegram e Instagram han sido utilizadas como canales de estafa debido a su alto nivel de confianza entre usuarios.

“Las personas confían en que su teléfono es seguro, pero muchas apps no cuentan con las mismas protecciones que una computadora”, alerta el especialista.

La Generación Z: digitales, pero vulnerables

A pesar de haber nacido en un entorno hiperconectado, los jóvenes entre 18 y 26 años no están exentos de riesgos. Según el estudio, el 67% de los limeños de esta generación comparte sus datos personales en línea sin preocuparse, y un 65% cree estar bien informado sobre ciberseguridad. Sin embargo, esa percepción de seguridad resulta contraproducente.

“Los jóvenes usan constantemente redes sociales y plataformas digitales sin protocolos adecuados, lo que los convierte en blancos fáciles”, sostiene Monasi.

El robo de identidad, los fraudes a través de redes sociales y las estafas con QR falsos son comunes entre este grupo etario. Por ello, los expertos recomiendan medidas básicas como:

  • Usar gestores de contraseñas.
  • Activar la autenticación en dos pasos.
  • Limitar la exposición de datos personales en redes sociales.

Educación y prevención: claves para reducir el riesgo

El informe de Experian subraya que la educación digital es la herramienta más efectiva para combatir el fraude. Para ello, propone tres estrategias esenciales:

  1. Campañas masivas de concientización a través de redes sociales y medios de comunicación.
  2. Programas educativos sobre ciberseguridad en escuelas, universidades y empresas.
  3. Herramientas interactivas, como simuladores de phishing, que ayuden a los usuarios a identificar amenazas.

“Cualquier institución puede implementar estas estrategias. La ciberseguridad no es un gasto, es una inversión en la protección de la información y la continuidad del negocio”, enfatiza Monasi.

El sector financiero, en la mira de los delincuentes

Uno de los sectores más afectados por el fraude digital en Perú es el sector bancario y financiero. Las pérdidas anuales por estafas digitales son millonarias, y su impacto va más allá del dinero: también se deteriora la reputación de las instituciones y se pierde la confianza del usuario.

“Cada vez que una empresa sufre una brecha de seguridad, los clientes pierden confianza en sus servicios. La ciberseguridad no solo protege el dinero, sino también la credibilidad de las instituciones”, explica Monasi.

La banca peruana ha implementado medidas como reconocimiento biométrico, tokens dinámicos y monitoreo continuo, pero aún existen brechas de seguridad, especialmente en las aplicaciones móviles de bajo presupuesto o sin actualizaciones frecuentes.

Normativas insuficientes: ¿qué falta por hacer?

Si bien Perú ha avanzado en la implementación de leyes y normativas relacionadas con la protección de datos y la lucha contra el cibercrimen, la aplicación práctica de estas medidas sigue siendo limitada. La falta de fiscalización efectiva y de sanciones ejemplares permite que muchos delitos queden impunes.

Monasi señala que cerrar la brecha de desinformación es tan importante como fortalecer las regulaciones. Para ello, se requiere una articulación eficiente entre el Estado, las empresas tecnológicas y la sociedad civil.

“No basta con tener leyes. Es fundamental que las instituciones refuercen la supervisión y que el Estado impulse programas de educación digital”, insiste.

Además, urge aumentar las penas para ciberdelincuentes, mejorar las capacidades de la Policía Nacional en delitos informáticos y establecer canales más eficientes de denuncia ciudadana.

Un futuro en disputa

La batalla por la seguridad digital en Perú está en pleno desarrollo. La velocidad con la que avanza la tecnología supera, muchas veces, la capacidad de respuesta de las autoridades. Sin embargo, también existen oportunidades: si se prioriza la educación digital, la colaboración público-privada y la actualización constante de medidas tecnológicas, es posible contener la amenaza.

Para ello, es fundamental un cambio de paradigma: entender que la ciberseguridad es una responsabilidad compartida. Desde el usuario que protege su información personal hasta las empresas que resguardan los datos de millones, todos tienen un rol crucial en esta tarea.Educación digital urgente: desinformación y tecnología impulsan ola de fraudes en el país