Editorial. Traición y complot

Se va develando la historia del complot contra Martín Vizcarra. Anoche, el premier Martos afirmó que el presidente del Congreso, Manuel Merino, buscó un acercamiento a los altos mandos de las fuerzas armadas en agosto, poco después de bajarle el dedo al gabinete Cateriano.

Si se hace un análisis del comportamiento del congreso, son cuatro las bancadas que ejecutan sus acciones de manera consensuada. Tristemente, como ya sabemos, este “arreglo” tiene que ver mucho con sus intenciones populistas y demagogas al momento de votar a favor y en contra de los proyectos.

¡Oh sorpresa! Son estas cuatro agrupaciones las que también han participado del complot contra Vizcarra.

El mismo Vizcarra dijo hace poco que dos grupos políticos le pidieron retrasar las elecciones un año más. Y como el Ejecutivo no les hizo caso, sino, por el contrario, convocó a elecciones crearon un plan para tomar por asalto el sillón presidencial.

¿Por qué suspender las elecciones? Pues, en primer lugar, para mantener a este congreso por varios años más. Y, por otro lado, debido al gran descontento popular, ninguno de los líderes de estos partidos goza de preferencia alguna, por lo que asumimos, buscan comprar tiempo para cambiar la aceptación a su favor.

Hoy, Merino salió muy tranquilito y humilde a pedir disculpas a la población y expresar sus respetos a las Fuerzas Armadas. Y no es para menos, ya que podría denunciársele por el delito de sedición.

En todo este contubernio, personal de confianza de Vizcarra, terminó traicionándolo. Es realmente triste ver ese nivel de ingratitud y deslealtad en el ser humano. Si una persona o trabajador considera que el trabajo que está realizando va contra sus principios, pues debería decirlo o simplemente renunciar, pero no caer en bajezas como grabar conversaciones.