Editorial. Todo está podrido

La marcha histórica de los jóvenes de todas las edades denominada Los héroes del Bicentenario fue una clara respuesta a las conductas asquerosas de nuestras autoridades. La prueba de esto es que, curiosamente, todos los que han ocupado el sillón de Pizarro, terminan embarrados, enjuiciados y hasta encarcelados, y no todos lo llegan a hacer por la parsimonia del Ministerio Público y la corrupción del Poder Judicial.

La Policía Nacional del Perú ha sido también duramente golpeada debido a la excesiva fuerza utilizada al reprimir a los jóvenes en las protestas. Es innegable que violentaron, utilizaron gases lacrimógenos contra los manifestantes, pero lo peor de todo es que un pequeño grupo disparó canicas contra los jóvenes. Esto, como ya lo sabemos ha causado la muerte de dos jóvenes y heridas de consideración en otros. Por supuesto que no podemos generalizar. La PNP es y debe ser una institución amiga de la sociedad, y por el mal comportamientos de algunos, penosamente se ve mancillada toda la institución.

Del Congreso de la República ni hablar, la gran mayoría de ellos se han destacado por sus malas intenciones e intereses personales, aun cuando estos iban en contra del país y el pueblo.

El último escollo de la moral parecía ser el Tribunal Constitucional, en la que siete individuos que se supone deberían ser los más serios y probos en su actuar, debido a la gran responsabilidad que comprende sus labores, terminen evadiéndolas. Afortunadamente, no son todos, sino cuatro de los siete magistrados que también le dieron la espalda al país, al no darles la gana de aclarar el vacío legal respecto a la vacancia por incapacidad moral.

Si el Congreso le dio un golpe de estado a la tranquilidad y a la constitucionalidad del país, el TC terminó de abrir el camino para que este saquen a los presidentes en cualquier momento y cuando les dé la gana.

Muchas de las instituciones del Estado están podridas, pero para felicidad de los que pensamos y actuamos con libertad, apareció la generación del Bicentenario. Sus masivas protestas hicieron temblar a todos los políticos, y muchos de ellos terminaron pidiendo perdón.

La generación del Bicentenario nos ha ofrecido el acto de patriotismo más hermoso que el país ha podido tener este año, pese a la crisis de la pandemia.

Que entiendan nuestras autoridades que, así como el pueblo les dio el poder, se los puede quitar.