Editorial. Sin agua y desagüe

Nosotros vivimos en una región que es rica en productos hídricos. Es decir, tenemos abundantes lagunas, numerosos y caudalosos ríos que sirven para ofrecer agua a los ciudadanos.

Sin embargo, para la gran mayoría de la población que no vive cerca de un río, o que tampoco tienen la facilidad del agua potable, tienen que arreglárselas para cubrir sus necesidades de este vital líquido.

Cerca de 8 millones de peruanos sufren la falta de acceso al agua potable, y esto, realmente, es indignante en pleno siglo XXI.

Una gran parte de este sector de la población ya debería estar contando con el servicio, pero las grandes obras de agua y desagüe han estado plagadas de actos de corrupción.

Como resultado, los pobladores son los más afectados y se quedan sin agua, los millonarios presupuestos del Estado se pierden y las instituciones a cargo siguen desembolsando dinero, sin lograr mayor resultado. La razón, en la mayoría de los casos, es la corrupción.

Un gran ejemplo de ello es el Gobierno Regional de Huánuco, que mediante administración directa construyó la obra de agua potable para Cayhuayna, en el distrito de Pillco Marca. Pero penosamente, hasta ahora no se entregan las obras, no se concluyen los reservorios y aún faltan completar las instalaciones domiciliarias.

Algo similar sucede en la ciudad de Ambo, donde hace más de 15 años, la bendita obra de agua potable no se culmina, debido a los malos trabajos por parte de la empresa responsable.

La empresa constructora, no sólo construyó mal las instalaciones, sino que también utilizó materiales de pésima calidad. Cuando llegó el turno de probar el sistema de agua, se dieron con la desagradable sorpresa de que las instalaciones no servían para nada. Cabe recordar, que el gobierno regional también estuvo a cargo de esta obra. En resumen, todas las obras a cargo del gobierno regional relacionadas al agua y desagüe, han sido un fracaso, donde la corrupción ha sido el principal causante.