A pesar de que la segunda ola inició su descenso en febrero, aún así se registraron más de 3000 contagiados y 294 fallecidos. Podríamos decir que a un año de iniciada la pandemia, donde más de 100 000 personas han fallecido en el país, existe mayor conciencia de la población, pero lamentablemente, eso no es cierto.
Increíblemente, existe un amplio sector quienes han decidido ignorar los riesgos de contagio y socializar sin tener en cuenta las menores precauciones. Peor aún, existen personas que beben licor compartiendo un mismo vaso, cuando sabemos que esta práctica podría llegar a ser altamente contagiosa, basta que un solo individuo tenga el virus para que contagie a todos a través de la saliva.
Tenemos entendido, que en diferentes sectores de la sierra muchas familias han sido afectadas e incluso familias enteras han fallecido. Es muy probable que estas personas hayan fallecido por la COVID, sin embargo, debido al alto nivel de ignorancia en la zona, las personas han atribuido el hecho a alguna enfermedad, pero no al coronavirus.
Esto es sumamente grave y peligroso, ya que de llegar una potencial tercera ola las consecuencias podrían ser mucho más mortales. Se dice que el conocimiento es poder, en el sentido que nos permitirá prepararnos mejor para afrontar una nueva ola de la pandemia. Pero si seguimos afrontando la enfermedad de la misma forma como se ha seguido haciendo, sin los cuidados y la sensibilización necesaria para que la población tome más conciencia, es probable que solo empeore nuestra crisis.
Por otro lado, por fin parece que la Diresa está pensando a futuro y en cómo ir preparándose para la tercera ola. Es de suma importancia realizar un plan estratégico muy serio y para eso deben convocar a profesionales con experiencia y capacidad moral. Esta pandemia terminará y llegará el momento donde las autoridades tendrán que rendir cuentas de las decisiones que se tomaron y las que no. Son miles las personas que han fallecido y muchas de ellas por negligencia de las autoridades.




