La aparición de audios protagonizados por el presidente Martín Vizcarra y sus asesores discutiendo cómo solucionar el escándalo de Richard Cisneros, ha generado un nuevo terremoto político. En los audios se escuchan coordinaciones con el fin de responder de manera adiestrada sobre el caso Cisneros.
Este nuevo congreso no ha perdido la oportunidad, y todo parece que el objetivo es vacar al presidente. Al parecer los congresistas Edgar Alarcón y Manuel Merino se la tienen jurada a Vizcarra. Recordemos que Alarcón fue contralor General de la República en el 2016 y fue removido del cargo acusado de grabar conversaciones entre los ministros de Economía y MTC de ese entonces, Alfredo Thorne y Martín Vizcarra, respectivamente.
Está por evaluarse realmente cuan comprometedores son los audios. Por su parte, Vizcarra emitió un mensaje a la Nación afirmando que no hay nada amoral en esos audios y todo es un complot e intento cobarde contra la democracia con el objetivo permitir la elección de prontuariados y sentenciados.
Independientemente, de que Vizcarra sea vacado o no, los costes políticos serían gravísimos para todo el país. Significaría una paralización de todas las actividades de todos los ministerios por varios días y en plena pandemia, lo cual generaría consecuencias sumamente graves.
Por otro lado, si analizamos el peor escenario, si Vizcarra renunciara o fuera vacado, Merino como presidente del Congreso asumiría la Presidencia de la República.
Peor aún, hay que reconocer que la gestión de Vizcarra siempre ha respetado la autonomía de las instituciones como Ministerio Público y Tribunal Constitucional. De salir Vizcarra, estas serían las primeras instituciones que buscarían tomar por asalto con el fin de dejar aislado o incluso liquidar los procesos anticorrupción.
Al parecer al Congreso no le interesa cuán profunda sea la crisis en la que se encuentra el país, solo se están llevando por sus deseos de revanchismo y venganza. Lo peor de todo es que el pueblo recibirá las consecuencias de dicho golpe.




