Son miles los trabajadores informales que pululan por la ciudad, especialmente en los alrededores del llamado mercado Modelo.
El diario AHORA publicó ayer un reportaje especial que revela la cruda realidad de algunas de estas personas, que en algunos casos, se han visto en la imperiosa necesidad de salir a las calles a convertirse en comerciantes informales.
A pesar de los riesgos que esto conlleva, en medio de una pandemia, muchos hombres y mujeres arriesgan sus vidas porque necesitan trabajar y llevar un sustento a sus familias.
Una de ellas, la señora Yovana Cárdenas, señaló que no le daba miedo morir por el virus, ya que ella y su familia podría morir de hambre sino salía a trabajar. El hambre se puede paliar trabajando de cualquier manera.
Esta realidad se repite en cientos de hermanos campesinos que traen sus productos y/o animalitos diariamente a la ciudad a ofrecerlos para conseguir un sustento económico. Lo cierto es que son miles las personas que no pueden darse el lujo de quedarse en sus casas a esperar que toda esta crisis socio-económica pase.
Esta pandemia ha hecho que se cierren muchas empresas, especialmente las micro y pequeñas. Y las que todavía siguen activas, penosamente han tenido que despedir a sus empleados o reducirles el sueldo en muchos casos, porque les es imposible seguir manteniendo esas obligaciones.
Los municipios, por su lado, están tratando de paliar parte de este problema de la venta ambulatoria de productos de primera necesidad con la creación de los mercados itinerantes. Esta iniciativa es especialmente con la finalidad de reducir el contagio masivo del virus. Sin embargo, no ha sido fácil cambiar los hábitos tanto de los consumidores como de los comerciantes informales, ya que muchos consideran que vender en las calles es más rentable.
Lo cierto es que mucho trabajo de sensibilización queda por hacer. Las municipalidades deben de continuar esta labor que es muy positiva, aun cuando muchos de los involucrados crean erróneamente que no los beneficia mucho.




