Editorial. Más hambre de gol que nunca

El fútbol es un deporte de pasiones, donde los individuos, en base a su genialidad, ofrecen a sus hinchas goles. Por eso es el deporte de las multitudes. Pero si tenemos un juez que inclina la balanza de forma constante y descaradamente a favor de uno, forzando el resultado en contra del otro equipo, terminan por mancillar este noble deporte.

Con el comportamiento del árbitro chileno Julio Bascuñán, la xenofobia y sentimiento antichileno ha vuelto a resurgir. Es por supuesto, totalmente incorrecto desde el punto moral.

Penosamente, el acto delincuencial con el que actuó ese sujeto hizo que todo el Perú llegará a repugnar y hasta odiarlo.

El fútbol levanta pasiones, lo sabemos, y este delincuente se metió con la pasión más grande que tiene este país, el fútbol y la selección nacional. El repugnante sujeto, literalmente, nos robó el partido contra Brasil. Se consideraba, hasta hace poco, que los brasileros no necesitaban ayuda de un árbitro para ganar un partido, muy equivocados estábamos.

Por otro lado, nadie puede negar que la estrella mundial Neymar Junior juega maravillosamente, pero también ha aprendido el arte dramático del caer. Y por poco y se lleva un Oscar.

En más de una oportunidad árbitros chilenos nos han perjudicado maliciosamente. Comprendemos el odio del árbitro chileno de apellido Bascuñán hacia nuestra bicolor. Recordemos que, en la tercera fecha, la bicolor enfrentará al equipo roto y buscaba afectar nuestra moral. Pero estamos con más hambre de gol que nunca.