El fin de la Sunat es administrar los tributos y un factor esencial de esta tarea es la de recaudar impuestos. Con dicho dinero que pagamos las micro, pequeñas, grandes y enormes empresas mensualmente se construyen las carreteras, las escuelas, los centros de salud, sistemas de agua, en fin, la inversión de dinero busca solucionar una necesidad identificada por el gobierno que supuestamente va a generar un beneficio o impacto positivo a la sociedad.
La Sunat, por lo general, en el caso de las micro y pequeñas empresas, es implacable. Hasta parecería en algunos casos que hay un ensañamiento en el pequeño emprendedor. Por otro lado, cuando se ve que grandes transnacionales como la minera San Buenaventura, Latam, Grupo Romero, Movistar, entre otras, buscan sacarle la vuelta a la ley para así evitar pagar 11 mil millones de soles al Estado, causa mucha indignación.
Estos grandes capitales por poco logran que los miembros del Tribunal Constitucional, acepten su pedido de prescripción de deuda. En buen cristiano, abusiva y conchudamente pretendían evadir más de 11 000 millones de soles al estado peruano.
Afortunadamente no se llegó a dar.
Las micro y pequeñas empresas pagamos puntualmente nuestras obligaciones y curiosamente, si dejas o te atrasas en el pago de tus impuestos, los inspectores te están visitando o llamando para cobrar y exigir que se paguen los impuestos. Y obviamente, por ley tenemos que hacerlo.
Pero desmotiva y genera mucho malestar que estas grandes empresas tengan otro trato. Aparentemente, a ellos no los visitan los inspectores ni los llaman para cobrarles. Entonces dónde está el trato igualitario ante el Estado. ¿Es que acaso se trata de corrupción dentro de la institución o preferencias en el trato?
Recordemos que la corrupción impide el progreso y el adelanto de los pueblos. Es más, mata literalmente. Sino preguntémonos cuántos peruanos han muerto en el país por falta de oxígeno.



