Ya nos hemos acostumbrado a los escándalos de la clase política. Lo dijimos antes, se han convertido en una especie de concursantes de un programa basura, donde por lo general, solo brillan por su incapacidad, desidia y alto nivel de corrupción.
Tanto el Legislativo como el Ejecutivo no se quedan atrás. Por un lado, está la ex canciller Elizabeth Astete, quien increpó públicamente a Francisco Sagasti de haberle autorizado a vacunarse contra la COVID-19, hecho por el que tuvo que renunciar dicho sea de paso.
Por su parte Sagasti ha negado todo hecho.
Esta crisis está trayendo cola y desgraciadamente, Sagasti no tiene una explicación contundente que pueda ayudar a su gestión y de esa manera, ayudar al país a no entrar en una nueva crisis, que sólo agudizará la ya caótica situación de todos los sectores, en especial del sector salud.
Recordemos que, es de suma prioridad, que el proceso de vacunación se realice de la forma más efectiva posible y que llegue a todos. En un mes se ha logrado vacunar más de 375 mil personas, que es una cifra verdaderamente impresionante, sin embargo, mientras las vacunas sean entregadas en cuotas pequeñas como se viene haciendo, la jornada de vacunación podría durar hasta tres años. Para cuando culmine, miles de personas más habrán fallecido.
Mientras tanto, sin vacuna, cientos de miles de empresas tratan de reactivar su economía, esperanzados en evitar los contagios.
Ojo, Europa atraviesa una feroz tercera ola. Mientras que Italia inicia hoy, una cuarentena rígida de tres semanas debido a la letalidad de las nuevas cepas. De alguna manera, eso nos permite a nosotros analizar e incluso, hasta prepararnos para su inevitable llegada, sin embargo, para algunos incautos, e incluso funcionarios, todavía creen que esta no llegará.
Peor aún, teniendo a las cepas brasileñas y británicas ya dentro de casa. Esta flexibilización de restricciones podría causar la tan temida aceleración de este tsunami.




