EDITORIAL. La basura en la ciudad

Se sostiene como una sentencia que una ciudad limpia es una ciudad culta, de gente considerada, que muestra respeto a su pueblo, sus familias, vecinos y por ende al lugar donde reside. En el caso de la ciudad de Huánuco, podríamos decir que ciertos ciudadanos demuestran esa conciencia y consideración ciudadana y cumplen con su rol de no ensuciarla. Sin embargo, un gran porcentaje no lo hace.

Si hacemos un recorrido por las calles de Huánuco en horas de la noche, nos daremos con la sorpresa de encontrar cúmulos de bolsas de basura. A medida que uno se acerca más a los diferentes mercados de la ciudad, la cantidad de basura se incrementa.

De las 140 toneladas de basura diarias que son recogidas por los camiones recolectores en Huánuco, Amarilis y Pillco Marca, apenas el 10 % es segregado, mientras que un enorme 90 % es desperdiciado.

Entendemos que la labor de los municipios es la limpieza de las calles, pero también es responsabilidad de los ciudadanos no ensuciarlas deliberadamente. Por otro lado, si analizamos los impuestos relacionados al recojo de basura, estos no son muy altos comparados con otras realidades. Para entender esto, en países desarrollados a más basura que generan los vecinos más son los impuestos que pagan; por ende, todos los vecinos practican la segregación de residuos, también toman mayor conciencia de los productos que consumen.

Dicho esto, si bien es cierto que los municipios tienen y siguen creando programas de incentivos para la segregación y el pago de impuestos, estos esfuerzos parecen no ser suficientes; probablemente en el futuro se tendrá que imponer sanciones mayores para las personas e instituciones que arrojen mayor cantidad de basura a las calles y que no cumplan con segregar sus residuos.

La sensibilización va a costar mucho dinero y tiempo, y probablemente las comunas no tengan recursos para realizar este trabajo. Penosamente, se ha demostrado que tomando medidas drásticas, las personas toman conciencia mucho más rápido.