Editorial. Inseguridad

La inseguridad en las ciudades se ha incrementado peligrosamente. Penosamente no hay excepción. En el caso de Huánuco, la ola de asaltos y robos han aumentado, y lo peor de todo es que no todos los afectados llegan a reportar en las instancias correspondientes.

Si bien es cierto que una gran parte de asaltos son perpetrados por extranjeros, parece ser también que los delincuentes locales se están esmerando por no quedarse atrás. Ahora más que nunca es un alto riesgo andar con un celular en la mano, porque las posibilidades de que seas asaltado son muy altas. Ya sea hombre o mujer, ambos son vulnerables.

Tristemente, uno de las formas de asalto y robo más utilizadas por los delincuentes involucra a los llamados trimóviles. Estos pueden ser a través del servicio de taxi, donde durante la carrera el mototaxista pretende hacer creer que se apagó el vehículo y no prende, para cogotear o asaltar a través de un cómplice; como también, estos delincuentes pueden “patrullar” la ciudad con la esperanza de hallar a sus víctimas preferidas, adolescentes o jóvenes.

Estas modalidades de asalto se dan en todas partes. Anteriormente la ciudad de Tingo María era conocida como paraíso donde uno podía dormir incluso en un parque y nadie se atrevía a tocar tus pertenencias; sin embargo ahora, se ha convertido en igual de insegura como cualquier otra ciudad.

La pregunta es ¿Que se está haciendo mal? ¿Por qué la delincuencia está ganando o parece estar ganando terreno? La sensación de inseguridad es general e indudablemente alta. No se puede tapar el sol con un dedo, las instituciones encargadas de proveer seguridad ciudadana están fallando.

Obviamente la corrupción juega un papel muy importante. Nunca podremos combatir la delincuencia, si desde adentro funcionarios del Estado protegen y permiten que los verdaderos delincuentes continúen impunes.