Un antiguo proverbio indica que somos esclavos de nuestras palabras, por ello debemos tener cuidado con lo que uno dice especialmente si se trata de una figura pública.
En el presente quinquenio los audios y videos han sido los protagonistas para revelar verdades y desestabilizar gestiones políticas. Un gran ejemplo de ello fue el excongresista puneño Mamani, quien como recordamos llegó al Legislativo por la lista de la señora Keiko, y fue el que grabó a sus colegas con el fin de destruir a PPK. Que de hecho, luego del escándalo y presión, PPK no tuvo otra opción que renunciar. Por supuesto que a la lideresa fujimorista no le interesó si con ello también destruía la carrera política de su hermano Kenji.
El expresidente Martín Vizcarra también fue víctima de sus propias palabras. Su propio personal de confianza terminó grabándolo en situaciones donde trataba de manipular información. Ello lo llevó a que le cayeran muchas denuncias por el Ministerio Público, pero sobre todo, fue la principal excusa utilizada por los congresistas para vacarlo.
Dicho todo esto, la reciente víctima de sus propias palabras es nada menos que el gobernador regional de Huánuco. Hace poco se hizo público un audio donde Don Juan Alvarado se entrevista con un “amigo” y le cuenta todas sus desavenencias y su alicaída situación de inestabilidad emocional. Este interlocutor, quien al parecer tuvo mucho cuidado en que no se reconociera la voz, hizo público el audio.
Al gobernador le quedan menos de dos años de gestión y Huánuco necesita mucho trabajo. Sería importante considerar cambiar de asesores y asumir una forma de trabajo distinta. Esto podría, tal vez, oxigenar la gestión. El diálogo y la apertura son importantes para una autoridad.




