Entendemos que la empresa privada es necesaria para el desarrollo de las sociedades. Dicho esto, se supone que la sociedad universidad-empresa, representa que los universitarios por graduarse o los graduados egresan de dicha institución con el nivel adecuado para asumir ciertas funciones necesarias que la empresa necesita. Eso significa sin la necesidad de capacitación adicional. Sin embargo, esto no se da en la actualidad. El nivel de profesionalismo con que salen nuestros egresados es muchas veces insuficiente.
Tristemente, las instituciones fiscalizadoras del Estado caen, muchas veces no tienen esto en consideración y por el contrario, buscan enfocarse en alguna fortaleza del mercado, que en este caso es el existente 10 % de empresas formales, para supervisarlas y dejar de lado lo más difícil, el 90 % adicional de empresas informales.
Esto demuestra que trabajar en el Perú es todo un reto. No es nada fácil el crear empresas en nuestras ciudades, y mucho menos formales debido a todos los compromisos que acarrea. Dicho esto, bajo ningún motivo buscamos con este artículo el promover la informalidad, por el contrario, consideramos que la formalidad es necesaria para el desarrollo. Y lo sustentamos.
Para empezar, está científicamente probado que la productividad en las empresas, la llamada mano de obra calificada es un ingrediente necesario para el logro del desarrollo. Para alcanzar dicha productividad, los jóvenes empleados se supone, atravesaron una etapa de capacitación ya sea en institutos o universidades, que luego de evaluarlos los consideran aptos para su desenvolvimiento. Tristemente, la informalidad jamás podrá ofrecer dichas oportunidades de capacitación ni de crecimiento, debido a que esto implica un compromiso por parte de la empresa para con sus empleados, que muchas veces tiene que ser solventado por la misma.
Consideramos que mientras no se dirijan mayores recursos para disminuir la informalidad en las empresas no se podrá solucionar esta situación tan delicada.
Se necesita ordenar las calles, no solo de comerciantes, sino del transporte, como lo están haciendo otros alcaldes, claro está con el apoyo de la Policía Nacional. Pero es necesario el diálogo, con la mediación de la Iglesia, de la Defensoría del Pueblo, del Ministerio Público, pero también se debe ordenar internamente, que por cobrar un sol por día han invadido los espacios. El dirigente del Mercado Modelo, Trejo, tiene que respetar a los consumidores que concurren a este centro de abastos, donde debe primar higiene y limpieza, por sobre sus intereses.




