Editorial. El pago político

Es un secreto a gritos. La costumbre de apoyar a trabajar en una campaña política, para luego recibir un beneficio o premio a sus réditos. Es decir, una vez elegido el candidato, éste tendrá que devolver el favor de diferentes formas, tal vez proporcionándole un puesto de trabajo en la institución o de lo contrario, direccionar las licitaciones ya sea en obras, bienes y/o servicios. Y si la influencia es considerable, es probable que se cumplan todas las opciones anteriores.

Esto podría estar sucediendo con el Gobierno Regional de Huánuco, donde las presuntas irregularidades y escándalos parecen nunca acabar. Sin embargo, no pasa nada. Las denuncias e investigaciones sólo se quedan en eventos interventorios para la foto. 

El compadrazgo o el direccionamiento no es nada nuevo, penosamente; pero es evidente que en algunas de las últimas gestiones, ya sea regional o local, se realiza de manera más descarada.

La pregunta es ¿Hasta cuándo? Los personajes que terminan asumiendo como autoridad, por lo general, no tienen ni la más mínima idea de lo tienen y deben hacer. Y como resultado, terminan generando un impacto totalmente negativo para los ciudadanos de a pie.

A este grupo sólo les interesa “picar”, “meter uña” al presupuesto, pero al momento de trabajar por el bien común, se termina demostrando una enorme incapacidad.

Con la pandemia, todos hemos sido testigos de lo importante que es tener una buena autoridad. Por último, si no lo es, lo más sabio sería reconocer las limitaciones y tener al menos el criterio suficiente para rodearse de buenos técnicos para tomar mejores decisiones. Pero tampoco hemos visto eso.