Editorial. Drástica sanción para incendiarios

El lunes 8 recién se pudo conocer la real dimensión de la destrucción ocurrida en Churubamba, donde enardecidos pobladores, destruyeron, saquearon e incendiaron un local escolar, descontentos con los resultados de las elecciones para la Alcaldía del distrito.
Las instalaciones del Colegio Micaela Bastidas quedaron totalmente destrozadas e inservibles, porque la turba se ensañó con las aulas, destrozando sus ventanas, las computadoras e incluso la refrigeradora que fueron quemados junto con el mobiliario.
Gracias a este acto delincuencial el colegio ha quedado destruido y los escolares perdieron todo y ahora no tienen dónde recibir clases. No se salvaron ni los instrumentos de la banda de música que quedaron calcinados, al igual que la documentación y archivos del colegio. Estos hechos nos trajo a la memoria el ingrato recuerdo de las hordas asesinas de S L que destruía todo a su paso.
La colectividad exige que sea la misma población la que reconstruya íntegramente el colegio, especialmente los que incitaron a la destrucción, que deben estar identificados, ya que en esos lugares todos se conocen y saben perfectamente quienes fueron.
Incluso atentaron contra la vida de los trabajadores de la ONPE, que pudieron escapar en un vehículo que recibió la ira de los perdedores en los comicios, señalando la supuesta presencia de venezolanos golondrinos, que según dicen contrató un candidato. El tema debe ser definitivamente investigado.
Los daños son cuantiosos, los niños, hijos del lugar perderán clases, mientras sus padres deben pintar, comprar carpetas, mesas y todo lo destruido y el Ministerio Público deberá trabajar para dar con los responsables e incluso enviarlos a la cárcel por atentar contra la vida de personas que cumplían su deber de conducir las elecciones, que se salvaron escapando.
Churubamba, un pueblito pintoresco, de gente apacible, donde cada año se escenifica el calvario de Jesús.