EDITORIAL. Destruyendo nuestro hábitat

El ser humano es el único ser vivo sobre la superficie del planeta con capacidad de razonar y usar el criterio. Por lo tanto, es el único ser con el don y la capacidad de tomar decisiones, sean estas buenas o malas.

La ambición del ser humano está pasando factura a todos los demás seres. Hemos roto el equilibrio existente en la naturaleza al sobreexplotar los recursos naturales. Hemos llegado al extremo de vivir en una grave crisis de destrucción del medio ambiente como consecuencia de la depredación masiva de los recursos y la contaminación producto de nuestros actos.

Las civilizaciones antiguas como los griegos, romanos, egipcios, mayas, aztecas, incas supieron cuidar la naturaleza, reservaban las tierras solo para el cultivo, construyeron andenes cuidando el agua, venerándola.

Con la modernidad, los hombres fundaron sus ciudades en las riberas de los ríos para consumir sus aguas y usarlas además, para limpieza, regadío, y como un medio de eliminar sus desechos; construyeron sus desagües y por medio de ellos deshacerse de la basura.

Por otro lado, la minería irresponsablemente arroja a los ríos sus relaves que se han encargado de matar todo rastro de vida en el agua y alrededores. Hace 30 o 40 años atrás, se podía pescar en el Huallaga y el Higueras, hoy penosamente sus aguas sufren de alta contaminación.

No es ninguna novedad que el Higueras está contaminado con altas concentraciones de restos fecales y sustancias químicas como el aluminio y manganeso. Estos residuos son arrojados por los ciudadanos que viven en sus riberas a través de sus desagües conectados al río y por la minería formal e informal.

La más castigada es la niñez que sufre grave contaminación y enfermedades por consumir esas aguas.

Para suerte existen instituciones que se preocupan por investigar y buscar una solución a esta alta contaminación, y no se debe esperar más para instalar la PTAR, que de alguna manera le devolverá al Huallaga algo de esperanza de vida.