Encuestas a nivel nacional reflejan el gran descontento popular para con los poderes del Estado, y en especial uno de ellos, el Congreso de la República. Más de un 70 % de la población preferiría que el presidente Vizcarra cerrara el congreso. Esto ha traído a la memoria el golpe de estado dado por el Fujimori en 1992, el cual causó mucho daño políticamente a nuestro país. De ahí la comparación que algunos hicieron, entre Vizcarra y Fujimori, el primero, defensor de la democracia y el segundo, un dictador.
Lo similar de ambas situaciones, es que la población estaba y está asqueada de sus legisladores. Estos “padres de la patria” se han convertido en verdaderos chupasangre del Estado, por el poder de la investidura, para solo buscar beneficiarse a sí mismos y su entorno, y no realizan ninguna actividad productiva para la sociedad.
Martín Vizcarra, con prudencia e inteligencia, propuso una última jugada maestra, acortar el periodo de vigencia en el cargo de los corruptos congresistas.
Hoy, Vizcarra debe presentar oficialmente el proyecto de reforma de la Constitución, que según los especialistas en Derecho Constitucional, está dentro de sus atribuciones y tiene amparo legal, para que el pueblo en una nueva consulta popular apruebe o desapruebe las nuevas elecciones.
Los “cerebros” del parlamento, Mulder, Beteta, Mamani, buscarán la vacancia del cargo de presidente para Martín Vizcarra, todo ello implica una dura guerra de poderes en la que el perdedor será como siempre el pueblo, que sigue caminando y trabajando, buscando solo sobrevivir.
Se vienen tiempos difíciles, no habrá inversión, se corre el riesgo que las obras se paralicen, mientras que los corruptos seguirán maquinando cómo le sacan la vuelta a la ley para su beneficio olvidándose del pueblo que los llevó al poder.



