Si los vacíos legales, el desorden y la impunidad son el pan de cada día, tenemos que evaluar medidas más efectivas que no pongan en peligro la vida de las personas.
Hace algunas semanas sucedió un hecho muy particular en Panao, capital de la provincia de Pachitea. Los comuneros irrumpieron en la municipalidad para “castigar” al alcalde por el incumplimiento de sus promesas ofrecidas durante su campaña política. La intención era darle una lección ante la población por faltar a su palabra, pero sobre todo, a su pueblo. Afortunadamente, él logró escabullirse a tiempo por el techo de la municipalidad y esconderse en la comisaría de la ciudad, donde rogaba a todos los santos que no lo encontraran.
Los agricultores y comuneros querían darle un castigo popular al alcalde por mentiroso y por no cumplir con sus promesas porque, al fin y al cabo, para eso fue elegido. Al parecer este ejemplo caló en la mente de otros pobladores. En nuestra edición de ayer publicamos la información del presidente de la Federación Provincial de Comunidades Campesinas. En esta nos afirmaba que los candidatos a alcaldes de Chinchao, Churubamba, Kichki y Santa María del Valle firmaron un acta de compromiso con la condición de que si incumplen sus promesas serán sometidos a castigo popular.
Debido a tanta corrupción, incumplimiento de compromisos y falta de identidad en las instituciones públicas, sería bueno considerar el rescate de dicha costumbre ancestral e institucionalizarlo como una manera de dar escarmiento a tanto corrupto y mentiroso, ya que la burocracia de la justicia, muchas veces, no sanciona a los delincuentes de cuello blanco.
Tal vez la propuesta de don Lucio Candelario de aplicar el “castigo popular” a los políticos mentirosos, que después de cuatro años en el poder y de llenarse los bolsillos desaparecen, no sea tan descabellada.
Si bien es cierto que estamos en el siglo XXI y los tiempos cambian. Si los vacíos legales, el desorden y la impunidad son el pan de cada día de nuestra sociedad, tenemos que evaluar medidas más efectivas y que, obviamente, no pongan en peligro la vida de las personas.
Los candidatos de los distritos arriba mencionados han aceptado voluntariamente estampar su firma como señal de compromiso.
Dentro de 72 horas elegiremos al nuevo gobernador y alcaldes. A los ganadores se les inflará el pecho de ego y se sentirán poderosos y probablemente se les borrarán las fingidas sonrisas que mostraban en sus rostros durante la campaña política. Es muy probable que la gran mayoría ni siquiera intente mantener sus promesas de campaña. Por eso, seamos responsables al momento de votar. No perdamos la esperanza de un Huánuco mejor, con carreteras para los pueblos olvidados y más. Solo de nuestras autoridades dependerá el progreso.



