Si teníamos la esperanza de tener un mejor Congreso para las elecciones del 2021, estamos equivocados debido a que la gran mayoría de candidatos cuentan con procesos judiciales y hasta sentencias en sus legajos.
Esta es la situación de casi la mitad de aspirantes al congreso. Como ya sabemos, mucha gente busca el sillón congresal como una forma de blindaje por la inmunidad parlamentaria, o de último recurso, para evitar caer en la cárcel. Y también, tener el poder de cambiar su suerte judicial y hacer ‘platita extra’.
La posición política de nuestro país se hace cada vez mucho más delicada y frágil. Las personas tendemos a confiar menos en los dirigentes y el nivel de insatisfacción en los políticos tradicionales es cada vez más alto, por eso algunas personas ven como alternativa de voto a partidos extremistas.
Un gran ejemplo de lo que está sucediendo es visualizar las desagradables acciones que realizan los actuales congresistas, que a la larga generan desagrado popular y se convierten en un caldo de cultivo para que la gente piense en votar por opciones radicales como ofrece cierto sector político.
Qué terminará siendo un remedio peor que la enfermedad. Podemos ver experiencias como las sucedidas en Venezuela, donde el extremismo solo lleva al caos.
Es por ello importante asumir nuestro rol activo ciudadano, informarse y hasta participar activamente en política. Debemos conocer quienes son los candidatos y cuáles son sus propuestas.
Muchos de ellos mienten y seguirán mintiendo con la finalidad de lograr sus objetivos. Nuestra responsabilidad como electores es saber quienes son, quienes los financian y cuáles son sus partidos.
La población ahora tiene más que nunca la responsabilidad de saber elegir.




