Editorial. Buscar nulidad por propaganda engañosa

Una vez más tendremos que decir que vivimos en el “país de las maravillas”, especialmente nuestro querido Huánuco, con su clima variado y único, y con autoridades indiferentes igual que nosotros que vivimos en este valle.
Jesús Giles pretendió, como cualquier ciudadano, gobernar la ciudad como alcalde por tercera vez, vivía una febril obsesión de ganar al extremo que agradeció al patrón de Huánuco, al Cristo de Burgos, por haberle hecho el “milagro” que el JNE lo habilitara, luego que lo excluyera por la sentencia consentida de un año de pena privativa por abuso de autoridad por el sonado caso Cole Travel. Promovió una millonaria campaña, con el fin de engatusar a los electores a votar por el partido S. N. que lo cobijó con el único fin de ganar las elecciones, con el objetivo que asumiera el teniente alcalde y él “manejarlo” como hizo con él el recordado Cléver Zevallos, de los programas, presupuestos y así retomar las glorias pasadas.
Ni el JEE, ni la ODPE, ni la ONPE, menos la Fiscalía dijeron algo, peor aún los candidatos opositores, ninguno se pronunció, ninguno denunció ni reclamó, pues algunos se sentían seguros de ganar; como decía don Andrés: “se limpiaron la boca antes de comer el pollo”, cuando mejor debieron hacer una contracampaña a su pretendida estafa.
A estas alturas del partido, buscar la nulidad del proceso parece una cosa fuera de lugar al afirmar que hubo un fraude. Fatal es, o como dice el bolero “Ya es muy tarde”, la soberbia es mala en los políticos, cuando deben ser o tratar de ser humildes, y nuevamente la experiencia nos dice que no solo con dinero se ganan las elecciones.