ECOTURISMO EN LA ZONA DE AMORTIGÜAMIENTO DE LA CORDILLERA AZUL: “EL VALLE DE ASPUZANA”

Por: Ulises R. Guanilo Luna

Docente profesional en Turismo y Hotelería de la Unheval

Exdirector regional de Comercio Exterior y Turismo de Huánuco

 Nuestra selva conserva misterios, encanto e importante biodiversidad. Recuerdo en mi adolescencia, la lectura sobre geopolítica peruana en la Biblioteca Nacional, destacando la riqueza de nuestra selva amazónica, y una foto antigua del paisaje de la Bella Durmiente que describía: “La nueva ciudad de Tingo María, emerge rodeada de caseríos muy pobres que se sostienen gracias a que sus pobladores se dedican a la caza, pesca y recolección de frutas”. 

La colonización de la selva peruana se dio en tres periodos: Prehispánico, colonial y republicano. Pero no fue hasta el siglo XIX, que promovieron el asentamiento de europeos en la selva central. Para ello, el gobierno aprobó el otorgamiento y la distribución de tierras, que llevaron la colonización de Pozuzo, Oxapampa, Villa Rica y Palcazu, por parte de los austro-alemanes. Años después, en el primer gobierno del arquitecto Fernando Belaúnde Terry, continuó el proceso de ocupación, con su política de colonizar la selva central, con el proyecto de la “Vía marginal de la selva”, con el fin de interconectar la selva amazónica suramericana y contrarrestar la centralización de la ciudad capital, que ya era amenazada.  Así fue concebida la colonización Pichis-Palcazú y parte de este proyecto era fundar y desarrollar una nueva metrópoli, mejor planificada y ordenada: Ciudad Constitución, en plena selva central del Perú.

También se fue mejorando la vía Tingo Maria–Tocache. Lamentablemente, el narcotráfico y la subversión, que dejó  pérdidas de vidas humanas y económicas, hizo que el proceso de construcción de la Carretera Marginal y otros proyectos se frustraran. Al pasar este doloroso periodo, la colonización de nuestra selva, generó grupos sociales rurales complejos y se fusionaron diversas manifestaciones de cultura nativa con los lugareños, los colonos y sobre todo con migrantes andinos cuya presencia en la región fue creciente. Ahora, se reconoce el verdadero valor y riqueza que conserva nuestra selva. Siendo sus recursos naturales, un emporio potencial para la agroindustria y el turismo. 

Por ello, viajamos con jóvenes universitarios del décimo ciclo de la carrera profesional de Turismo y Hotelería de la Unheval, al distrito de Pucayacu, para visitar el “Valle de Aspuzana”, con el objetivo de reconocer los atractivos naturales que posee esa zona de amortiguamiento del parque nacional Cordillera Azul. Salimos de la ciudad de Huánuco, alrededor de las 4.30 a.m. y llegamos a Pucayacu aproximadamente a las 9.00 a.m. Nos dirigimos al caserío Maronilla, siendo recibidos con un tradicional y saludable desayuno, que consistía de una agradable panetela de plátano verde, algo así como la avena, con un plato de trocitos de cerdo (era el picuro) acompañado de yucas fritas con su salsa criolla; todo un manjar. Luego partimos hacia la Catarata del Otorongo, que tiene más de 200 metros de caída, donde en su parte alta se desprenden moléculas de agua, dando una sensación agradable y relajante. En esa catarata rodeada de grandes árboles, se observó algunos cedros.  El lugar era el hábitat del hermoso felino el otorongo, pero por el incremento de la población, se ha retirado en la espesura de la selva. Al salir, una señora nos ofreció la fruta lima que los jóvenes degustaron, generando un ingreso económico a la humilde pobladora.

Continuamos con una movilidad y llegamos al caserío Jorge Basadre, un lugar apacible y encantador, cuyas aguas tranquilas y cristalinas, conocidas como Río Azul, es resaltada con un puente de madera sobre este apacible río. Lugareños nos prepararon el almuerzo y pagamos por la atención recibida. El lugar tiene gran potencial hídrico y paisajístico, pero es muy sensible y frágil, por lo que vamos a recomendar el uso sostenible al lugar.

Nos dirigimos al centro poblado de Consuelo y llegamos a una caverna. Se conoce como caverna porque tienen profundidad subterránea, mientras que una cueva es sólo superficial. Posiblemente era refugio de grandes felinos o del megaterio, porque cerca en un predio privado, encontraron un gran hueso fosilizado de ese extinto placentario que eran osos perezosos terrestres de gran tamaño. Alcanzaban los 6 m desde la cabeza hasta la cola y medían casi 2 m de alto desde sus patas hasta el lomo.  Estos animales habitaron hace 8 mil años la selva de América del Sur. Luego nos dirigimos a un manantial, cuyas aguas cristalinas también provienen del interior de la Cordillera Azul.

Estos recursos naturales de Pucayacu, han sido difundidos en escasas oportunidades en algunos medios,  en breves minutos y con poca información. Regresaremos para hacer un trabajo de investigación sobre estos potenciales recursos, brindando mejor información para promover la práctica del ecoturismo en el valle de Aspuzana, y en favor del desarrollo sostenible de la población.