Hace 12 años, la vida de Andrew, un reputado abogado, se desmoronó tras ser arrestado por defraudar a clientes vulnerables. Su caso, impulsado por efectos secundarios de un fármaco para el Parkinson, dejó a 13 víctimas sin 600.000 libras, y hoy expone una problemática que afecta a millones de pacientes globalmente, con 1.5 millones de recetas solo en Inglaterra el último año.
Según la investigación publicada por BBC News, este dramático suceso en Mánchester es un escalofriante reflejo de una crisis de salud global: los agonistas de la dopamina, fármacos esenciales para el Parkinson, tienen efectos secundarios devastadores poco conocidos que ponen en riesgo la estabilidad financiera y emocional de incontables familias en todo el mundo. La enfermedad de Parkinson afecta a más de 10 millones de personas globalmente, y la esperanza de un tratamiento eficaz a menudo oculta riesgos poco divulgados.
Un Abogado Honrado Despojó a 13 Clientes de 600.000 Libras
Frances apenas había llegado a su trabajo ese fatídico día de verano de 2013 cuando una llamada policial le destrozó la vida. Su esposo Andrew, un respetado abogado, había sido arrestado bajo sospecha de estafar a sus clientes. La policía ya estaba registrando el hogar familiar que compartían con sus dos hijos. La escena en la oficina de Andrew, en un pintoresco pueblo al sur de Mánchester, parecía sacada de una película de televisión: sellada con cinta amarilla, con empleados en estado de shock y registros siendo empaquetados. Andrew, que manejaba los poderes de representación de muchas personas mayores con demencia, había desviado cientos de miles de libras de las cuentas de sus clientes. Los investigadores descubrieron posteriormente que el dinero, que ascendía a un total de 600.000 libras, había sido gastado en sitios web de cámaras para adultos, trabajadoras sexuales y antigüedades. De sus 13 víctimas, todas menos dos tenían más de 80 años; una de ellas, de 87 años, que vivía en un asilo, falleció poco después del robo, dejando un patrimonio insuficiente para cubrir su propio funeral. Andrew robó a 13 de sus clientes, un acto que su hija Alice afirma que “nunca se perdonó a sí mismo”.
¿Cómo Pudo un Medicamento Recetado Destruir una Familia Entera?
La historia de Andrew, aunque extrema, dista de ser un caso aislado. A lo largo del último año, BBC News ha entrevistado a más de 50 familias cuyas vidas fueron desgarradas por comportamientos impulsivos inducidos por una familia de medicamentos conocidos como agonistas de la dopamina. Estos fármacos, que se prescribieron 1.5 millones de veces solo por médicos de cabecera en Inglaterra el año pasado, son un tratamiento establecido para la enfermedad de Parkinson, el Síndrome de Piernas Inquietas y otras condiciones. Sin embargo, pueden provocar el desarrollo de nuevos impulsos sexuales, como adicciones a la pornografía y trabajadoras sexuales, así como compras compulsivas y ludopatía que han costado a las personas decenas o cientos de miles de libras. Un estudio de 2010 con más de 3.000 participantes reveló que uno de cada seis pacientes con Parkinson tratados con estos fármacos experimenta trastornos del control de impulsos. El consejo del NHS es claro: si los está tomando y tiene alguna preocupación, debe hablar con su médico, pero muchos pacientes alegan que nunca fueron adecuadamente advertidos de estos riesgos.
La Doble Cara de la Dopamina: Un Tratamiento Milagroso con Efectos Desconocidos
Andrew había sido diagnosticado con Parkinson unos años antes de su arresto. Cuando empezó a sufrir temblores, los médicos le recetaron Pramipexol, un fármaco que, según Frances, tuvo efectos “milagrosos”. La familia de Andrew asegura que su temblor de Parkinson se redujo drásticamente, y que incluso volvió a jugar tenis. Sin embargo, la dopamina, crucial para el movimiento, también regula el placer y la recompensa, creando una dualidad peligrosa.
¿Era el Comportamiento Impulsivo de Andrew un Secreto a Voces para los Médicos?
En el verano de 2013, el fin de semana después de su arresto, Andrew colapsó en casa y fue llevado a urgencias. Allí, un médico le preguntó a Frances si sabía que el Pramipexol podía causar una serie de comportamientos impulsivos. Para Frances, fue un “terrible shock”, ya que nunca le habían advertido, a pesar de asistir a todas las citas de Andrew. Antes del diagnóstico de Parkinson, Andrew usaba cámaras web y sitios de chat sexual aproximadamente una vez a la semana. Pero en el año posterior al inicio del tratamiento, realizó casi 500 pagos a estos sitios, gastando más de 100.000 libras en una sola plataforma con dinero de sus clientes. Además, desembolsó casi 80.000 libras en trabajadoras sexuales en solo cuatro meses, y su teléfono móvil contenía los números de 90 diferentes acompañantes. Este aficionado a la historia también empezó a comprar compulsivamente plumas antiguas, cerámica y objetos de críquet, gastando 85.000 libras en eBay en los seis meses previos a la redada policial. Alice recuerda que su padre “estaba tan avergonzado desde el momento de su arresto que básicamente no salió de casa”.
Millones de Prescripciones y Cientos de Miles de Libras Desviadas: La Magnitud de la Crisis
El caso de Andrew se sumergió en un laberinto legal. Durante más de un año, la familia esperó noticias de los fiscales; finalmente, Andrew fue acusado de fraude. En el juicio de 2015, Andrew se declaró culpable. El juez, aunque reconoció la influencia de los fármacos en su comportamiento, le sentenció a cuatro años de prisión en la cárcel de Strangeways. Mientras tanto, todos los bienes de Andrew fueron congelados para intentar recuperar el dinero robado. La familia no pudo emprender acciones legales por negligencia médica debido a las normativas que impiden la recuperación de daños vinculados a un delito grave. Frances y Andrew se divorciaron mientras él estaba en prisión. Tras su liberación, dos años después, Andrew se mudó a un alojamiento protegido. El Pramipexol, el fármaco recetado a Andrew, es fabricado por Boehringer Ingelheim, que no quiso hacer comentarios. En 2017, el Instituto Nacional de Salud y Excelencia en Atención (NICE) exigió a los médicos informar verbalmente y por escrito a los pacientes con Parkinson y a sus familias sobre el riesgo de comportamientos impulsivos, y monitorear su evolución, pero muchas familias afirman que estas directrices no se cumplen.
Más de Dos Décadas de Alertas Ignoradas y Familias Desamparadas
Hace más de 20 años que se descubrió que estos agonistas de la dopamina podían causar comportamientos impulsivos. La BBC reveló el año pasado que GSK, la farmacéutica británica que licenció por primera vez este tipo de fármaco para el Parkinson en el Reino Unido, ya en 2003 había encontrado una relación entre su medicamento y lo que denominó “comportamiento sexual desviado”. Las advertencias aparecieron tres años después, pero solo mencionaban un “aumento de la libido”, “comportamiento dañino” y un “interés sexual alterado”. Estos prospectos aún no indican la frecuencia de los trastornos del control de impulsos. Layla Moran, presidenta del Comité Selecto de Salud de los parlamentarios, califica de “devastadores” los hallazgos de la investigación y ha solicitado una revisión urgente de las advertencias oficiales, pues considera el sistema de tarjeta amarilla “no apto para su propósito” para efectos vergonzosos.
¿Quién Responde por el Sufrimiento Silencioso de Millones de Familias?
La prisión y los confinamientos por Covid pasaron factura a Andrew, quien dejó de tomar el fármaco de inmediato, lo que provocó un avance de sus síntomas de Parkinson. En octubre de 2020, Andrew se quitó la vida. Su muerte no figura en el registro público de Tarjeta Amarilla del Reino Unido, ni tampoco la de su hijo Harry. Harry, que sufría problemas de salud mental preexistentes, encontró lo sucedido tan “difícil de sobrellevar” que, tras ser internado y regresar a casa, desapareció, siendo hallado muerto semanas después por suicidio. El daño colateral a familias enteras tampoco se registra, dejando a muchos sin acceso a la justicia por pérdidas económicas, incluso de viviendas. El gobierno ha expresado su “enorme preocupación”, pero la MHRA, la agencia reguladora, argumenta que los comportamientos sexuales son “individualizados” y no pueden incluir una lista exhaustiva, sin planes de cambiar las advertencias. Este caso, que ha destrozado dos vidas en una sola familia, subraya una problemática que va más allá de un efecto secundario individual, afectando a comunidades enteras y dejando un rastro de víctimas sin voz y sin compensación, planteando la urgencia de una revisión regulatoria profunda que proteja a futuros pacientes y sus seres queridos.
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