Dos teorías de la conciencia se enfrentaron El árbitro sufrió las consecuencias

La conciencia, ese misterio que reside en lo más profundo de la mente humana, continúa siendo un campo de batalla para los neurocientíficos. Lejos de existir un consenso, proliferan las teorías que intentan desentrañar cómo nuestros cerebros dan origen a la experiencia subjetiva. La complejidad del fenómeno ha llevado a una fragmentación de enfoques, donde cada investigador, a menudo, defiende su propia perspectiva.

Según la investigación publicada por The New York Times, la abundancia de teorías, lejos de acercarnos a una respuesta definitiva, parece diluir la posibilidad de un entendimiento unificado. De hecho, en 2021, un estudio contabilizó hasta 29 teorías diferentes sobre la conciencia.

Oscar Ferrante, neurocientífico de la Universidad de Birmingham, es uno de los investigadores que abogan por reducir la cantidad de explicaciones y buscar un marco teórico único. Su visión refleja una creciente preocupación dentro de la comunidad científica por la necesidad de simplificar y consolidar el conocimiento existente. En este sentido, la proliferación de teorías como la Teoría de la Resonancia Adaptativa, la Teoría del Núcleo Dinámico o la Teoría Representacional de Primer Orden, ejemplifican la diversidad de enfoques presentes en el campo.

La principal dificultad para alcanzar un consenso radica en la metodología de investigación predominante. Los científicos, impulsados por la necesidad de validar sus propias ideas, diseñan experimentos que respaldan sus teorías y las posicionan como superiores a las demás. Este enfoque, como señala Lucia Melloni, neurocientífica del Instituto Max Planck de Estética Empírica en Frankfurt, Alemania, no incentiva la objetividad ni la colaboración, sino más bien la defensa a ultranza de las propias convicciones.

Con el objetivo de superar esta dinámica, Melloni y otros 41 científicos se embarcaron hace siete años en un ambicioso proyecto para poner a prueba dos teorías rivales sobre la conciencia. La idea era diseñar un experimento que permitiera evaluar la capacidad predictiva de ambas teorías en relación con la actividad cerebral durante una experiencia consciente. Este enfoque colaborativo representaba un intento innovador de superar las barreras impuestas por la competencia entre teorías.

Este esfuerzo por unificar el campo de estudio de la conciencia se enfrenta a desafíos significativos, no solo por la complejidad del fenómeno en sí, sino también por las dinámicas inherentes a la investigación científica. La búsqueda de una teoría unificada de la conciencia requiere un cambio de paradigma, donde la colaboración y la objetividad primen sobre la defensa de las ideas propias.