Andrés Jara
UNO
A Andrés Cloud Cortez lo conocí a mediados de la década del ochenta del siglo pasado cuando en la UNHEVAL me enseñó Ortografía del español. Eran épocas diferentes y al mismo tiempo difíciles. Muy difíciles. Con todas las carencias que hoy podemos tener, comparado con aquellos años, esto parece una auténtica bonanza. Nuestra economía era paupérrima, la política corrompida y la violencia era el pan de cada día.
Grandes espacios geográficos, especialmente en las áreas rurales, habían sido tomados por las huestes asesinas de sendero luminoso y el MRTA, grupos fanáticos que nos querían imponer una ideología perversa a sangre y fuego; grupos intolerantes y violentos que nos ofrecían el paraíso, haciéndonos pasar previamente por el mismísimo infierno de la muerte, el dolor y la desolación.
Pero en medio de tanta violencia y de tanta muerte había un lugar para la esperanza: y ello sucedía cuando por fin ingresábamos a nuestro territorio: el territorio de la literatura. Ese era nuestro ámbito, nuestros absolutos dominios. Desde aquella época con Andrés Cloud compartimos la misma ruta que el destino nos puso.
DOS
Bajo la sombra del limonero es uno de los textos emblemáticos de la generación Convergencia. Me acuerdo perfectamente los avatares de su autor para publicar la primera edición de este libro, allá en 1998, cuando el siglo XX aún no había terminado.
Su edición fue casi artesanal, realizada íntegramente en Huánuco, en la imprenta Señor de Burgos, que hasta ahora existe. Fue toda una odisea aquella publicación. Me acuerdo (como dice Cloud) que a última hora nos percatamos de un error astronómico como garrafal y pudimos corregirlo a tiempo. Un error que pudo haber sido una catástrofe cloudeana. Sucedió que el mismísimo título estaba errado: no decía Bajo la sombra del limonero, si no, bajo la sombra del limosnero. Pudo haber sido el acabose.
No imaginé, sin embargo, el enorme y merecido éxito que tendría el libro. Lo he comprobado muchas veces. Bajo la sombra del limonero está en la mente de los niños de primaria, de los púberes y adolescentes de secundaria, y también de estudiantes universitarios; de nietos, hijos, padres y abuelos. Se trata de un libro escrito por alguien que sabe de la importancia de la estructura del relato; que posee las destrezas técnicas aprendidas en el fragor de la experiencia y el estudio. En suma se trata de un libro trabajado por un narrador consumado.
Pero no se crea que la fama del libro en mención se deba únicamente al cuento en donde Pibe es el personaje principal. También allí aparecen otras joyas de la narración corta: por ejemplo, Titito presidente, Lino, Avelino, alevino al vino, Abajo la timbirimba, En tiempos del pensamiento, Historia de un albino llamado Albino, textos de la primera edición. O por ejemplo Yurajtoro, yanatoro, en donde el autor nos da verdaderas lecciones de la universalidad del tema. Cómo un relato de corte oral puede ser llevado a cimas mayores sin renegar de su esencia, sin perder su base cultura. Bajo la sombra del limonero. Es sin duda, es un libro joven, muy joven; pero que sin embargo nunca envejecerá.
TRES
No hay duda que Andrés Cloud es un escritor experimentado, afiatado y, por eso mismo, muy versátil. La prueba es su última publicación, de título extenso y algo misterioso: El inconcluso cuaderno manuscrito de Zandro Duclós Tercé.
Es un libro heterogéneo que da cuenta de las diversas preocupaciones escriturarias, temáticas, estilísticas y hasta de género, por parte de Andrés Cloud Cortez. Son textos de diversas épocas y demuestra además que Cloud tiene una vieja relación con la prosa y la poesía, al mismo tiempo.
El presente libro está dividido en cuatro secciones bien definidas. La primera de ellas se titula Crónicas y otros escritos y aquí se incluyen textos como Puelles, La cachpa y Huachog, que en la década del ochenta del siglo pasado fueron incluidos en Crónicas del ayer, publicación compartida con Virgilio López Calderón.
Son verdaderas prendas donde se nos noticia sobre hechos y escenarios de un Huánuco que ya no existe. Las anécdotas sobre la famosa Pampa de Puelles; o sobre la cachpa, ese pececillo único del Huallaga que se resiste a desaparecer; o el inmenso espacio que luego se acondicionó como aeropuerto, y sus devenires, por ejemplo, generan nostalgia, entusiasmo y regocijo.
Pero no solo eso, también se incluyen apuntes o bosquejos de breves ensayos sobre el quechua (que Cloud conoce muy bien), o sobre la probable toponimia del Huallaga, nombre con el que conocemos actualmente a nuestro río milenario. Aquí percibimos a un Cloud acucioso, investigador, memorioso, producto de sus observaciones diarias en el trajín de la vida, pero sobre todo, de sus muchas y selectas lecturas de libros diversos.
Mención especial merece la sección Poesía, en donde se incluyen siete textos en verso, escritos probablemente cuando su autor no superaba la base cuatro. Versos de sentido crítico, social; versos de reproche. Pero también de desenfado ante la vida y ante la muerte. Cloud en su poesía juega mucho con la ironía, el humor, la descripción y hasta con la nostalgia.
Por otro lado, nos faltaba señalar la tercera sección titulada Microrrelatos. Textos breves que Cloud ha venido desarrollando desde hace buen tiempo atrás. Si bien es cierto que su principal característica es su justamente su brevedad, también se puede añadir a ella la explotación de la anécdota a unos rangos únicos gracias, sobre todo, al humor intrínseco que subyace en cada relato. En suma textos aleccionadores de rápida pero no de fácil lectura, pues el lector debe estar siempre atento para no desviarse del hilo principal de la historia, sobre todo cuando el sueño acecha. Considero que la cuarta sección, titulada justamente Sueños, es una extensión de la tercera: Muchas coincidencias: brevedad, exploración y explotación de la anécdota, elucubraciones sobre el amor, la vida o la muerte. La diferencia estaría en que los relatos de la cuarta sección culminan cuando el narrador se despierta, se trunca el sueño y vuelve a la cruda realidad. Como la vida misma.



