El patrimonio de Hong Kong, rico en historia y transformaciones, encuentra un nuevo respiro en la revitalización de espacios emblemáticos. Lugares como el Lung Wah Hotel, un símbolo de una época dorada, se reinventan para conectar el pasado con el presente. Este tipo de iniciativas no solo preservan la memoria colectiva, sino que también ofrecen una ventana al desarrollo socioeconómico de la región a lo largo de las décadas. La conservación del patrimonio se ha convertido en una prioridad en Hong Kong, buscando un equilibrio entre el desarrollo moderno y la preservación de la identidad cultural.
Según la investigación publicada por The New York Times, el Lung Wah Hotel, una villa de estilo renacimiento español convertida en un refugio idílico en los Nuevos Territorios de Hong Kong durante las décadas de 1950 y 1960, está experimentando una renovación que busca honrar su legado.
Este hotel, otrora alejado del ajetreo citadino y situado cerca de una cala rodeada de parques, ofrecía una experiencia única. Escaleras sinuosas adornadas con faroles rojos daban acceso a un amplio jardín de estilo chino, donde los fines de semana de verano se convertían en un punto de encuentro para disfrutar del mahjong bajo la sombra de un pabellón, mientras los niños jugaban en areneros y columpios. El Lung Wah fue también un escenario predilecto para la filmación de películas, y su tejado sirvió como campo de entrenamiento para Bruce Lee, su cliente más renombrado, quien perfeccionaba allí sus habilidades en artes marciales. La fama del hotel trascendía su arquitectura y servicios, convirtiéndose en un punto de referencia cultural en la época.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el hotel tuvo que dejar de ofrecer alojamiento debido a las nuevas regulaciones contra incendios que exigían mejoras sustanciales. Los campos de arroz que rodeaban el hotel fueron reemplazados por viviendas para la clase media, transformando el paisaje circundante. Aunque el restaurante continuó sirviendo su famoso pichón asado, la disminución en el número de comensales se hizo evidente tras la expropiación de su estacionamiento de 500 plazas en la década de 1970 para la construcción de una nueva estación de policía. El declive del Lung Wah reflejaba los cambios profundos que experimentaba Hong Kong.
Ahora, se le presenta al Lung Wah Hotel una oportunidad de renacer gracias a una innovadora propuesta que busca revitalizar su pasado. Una antigua casa de té dentro de la propiedad ha sido transformada en Hong Kong Radiance, un museo interactivo cuyo objetivo es recrear momentos clave de la vibrante vida en la ciudad, desde su transición de un centro de manufactura de ropa, electrónica y plásticos después de la guerra, hasta convertirse en un prominente centro financiero que une Oriente y Occidente.
John Wu, diseñador gráfico y reconocido coleccionista local, ha sido el curador de este espacio, buscando evocar la atmósfera de un set de filmación donde cada rincón exhibe una paleta de colores coherente. Wu busca capturar la esencia de una época, transportando a los visitantes a través de recuerdos y sensaciones. La iniciativa representa un esfuerzo por preservar y compartir la historia de Hong Kong, ofreciendo una experiencia inmersiva y educativa.




