Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo
El 7 de octubre de 2010, Mario Vargas Llosa, hoy con 84 años, recibió el Premio Nobel de Literatura. Diez años después, Mario sigue escribiendo con admirable frecuencia, vitalidad y lucidez. No se ha convertido, felizmente, en una “estatua viviente” del Nobel. Su carrera de escritor continúa. Es un intelectual controvertido, que tiene adversarios y admiradores. Nicolas Maduro, Evo Morales y los jerarcas de Cuba lo deben odiar a muerte. Pero él sigue opinando contra esos regímenes autoritarios con el mismo ímpetu de siempre. Ciudadano cosmopolita, liberal ilustrado, convicto defensor de la democracia, la pluralidad política y cultural, acérrimo detractor de las dictaduras, los nacionalismos (“plaga incurable”) y la corrupción. Mario escribió todos los géneros literarios, excepto poesía. El pensamiento liberal de MVLl está contenido en el libro ensayístico La llamada de la tribu (2018). Diez años después, Mario sigue vivo, escribiendo, leyendo, investigando, provocando polémica, ahora junto a Isabel Presley.
Desde el 2010, Mario ha publicado cuatro novelas importantes: El sueño del celta, El héroe discreto, Cinco esquinas y Tiempos recios. Para ese entonces, Mario gozaba de una bien merecida fama de novelista, intelectual y periodista. Ya había publicado novelas trascendentales: La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo, La fiesta del Chivo. Suficiente catálogo para merecer un reconocimiento literario mundial. Razón tenía la Academia Sueca al calificar a las novelas de Mario Vargas Llosa como una “cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”.
¿Cuántos años esperaremos para que el Perú tenga otro Premio Nobel? ¿Quién es un potencial Premio Nobel en los próximos años en el Perú? ¿El economista Hernando Soto? ¿El escritor Alonso Cueto? Cuando Mario no esté entre nosotros (como es la ley de la vida), lo tendremos como un notable novelista de la literatura universal, el pensador liberal coherente, a veces polémico, pero también consensual, el periodista inagotable con argumentación sólida y atentísimo a la coyuntura social, política y cultural del Perú, de América Latina y del mundo. Enemigo acérrimo de los gobiernos autoritarios, de los nacionalismos recalcitrantes y perversos, defensor del mercado libre, de la democracia, la pluralidad cultural e ideológica.
El 2010, Mario estaba casado con Patricia Llosa Ureta. Tenía 74 años. En una reciente entrevista, concedida a Fernando Carvallo, en RPP, comentaba que, en medio de la pandemia, lee y estudia a Benito Pérez Galdós y Los episodios nacionales. Seguramente pronto publicará sobre el Balzac español, como lo hizo con Víctor Hugo y Los miserables, Gustavo Flaubert y Madame Bovary, Gabriel García Márquez y Cien años de soledad, José María Arguedas y Los ríos profundos, Todas las sangres y El zorro de arriba y el zorro de abajo. Entre el 2010 y 2020 publicó notables ensayos: La civilización del espectáculo, La llamada a la tribu y Medio siglo con Borges (2020); decena de artículos periodísticos en El País (Madrid) y La República (Perú). Sin embargo, ninguna novela de Mario Vargas Llosa tiene el poder de seducción de Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, Pedro Páramo o Rayuela para la relectura. La ciudad y los perros fue llevada al cine; Cien años de soledad, no; algún día conoceremos el “rostro” de los Buendía Iguarán en Macondo, de Úrsula Iguarán, bajita y trabajadora infatigable como una hormiga, del patriarca José Arcadio Buendía amarrado en el árbol de castaño delirando en latín, del coronel Aureliano Buendía promoviendo infructuosas revoluciones y fabricando pescaditos de oro, del primogénito José Arcadio Buendía, ebrio y con tatuajes en todo el cuerpo, en la cantina de Catarino, de la solterona Amaranta o de Remedios la Bella elevándose al cielo como la mismísima Virgen María, la madre de Jesús. La cara del Jaguar de La ciudad y los perros es el de Juan Manuel Ochoa Rivero (Lima, 1958).
Mario Vargas Llosa es el último sobreviviente del boom de la novela latinoamericana de la década del 60, junto a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Carlos Fuentes. La ciudad y los perros fue publicada en 1963; Mario tenía 27 años. En 1958 se había publicado Los ríos profundos de José María Arguedas, que relata las vivencias de los estudiantes en un colegio internado en Abancay; En octubre no hay milagros aparece en 1965, donde Oswaldo Reinoso retrataba a la Lima de migrantes, de la política mezquina y maquiavélica, de la corrupción inescrupulosa, hechos brutales, todo en el contexto de la doble moral y la procesión del Señor de los Milagros. La ciudad y los perros y Conversación en La Catedral, salvando distancias meritorias de técnicas narrativas modernas, tienen el tufo de Los ríos profundos y En octubre no hay milagros.
Mario Vargas Llosa, a diez años del Premio Nobel, sigue vigente, vital, con los achaques propios de la vejez lúcida, siempre en el ojo de la tormenta en cuanto debate literario y político se produzca. Ese niño caprichoso y lector de Cochabamba, aquel cadete del Colegio Militar Leoncio Prado, el sanmarquino de la célula comunista Cahuide (dirigida por Isaac Humala), el periodista novel de La Crónica, el lector voraz y disciplinado (lápiz y libreta de apuntes en la mano) de Gustavo Flaubert y William Faulkner, el que se casó con la tía Julia y la prima Patricia Llosa, el novelista del boom, el periodista prolífico, el líder del Movimiento Libertad y candidato a la presidencia de la república en 1990 por el Fredemo, hace diez años recibió el Premio Nobel de Literatura para felicidad y orgullo nuestros. Buena salud y harta literatura para ti, Mario.




