La historia registra que el Perú es un país netamente agrícola. Desde tiempos ancestrales el hombre peruano labora la tierra, en los campos de la costa, sierra y selva, y produce todo lo que nos alimenta a los que vivimos en las ciudades. A él, como un reconocimiento a su labor, se instituyó el Día del Campesino.
Cada 24 de junio, se recordaba a los primeros hombres que habitaban esta gran nación, se les denominaba indios, y, por ello, se festejaba el “Día del Indio”, pero por ser un término impropio y despectivo, fue cambiado por el “Día del Campesino”.
Por desgracia, olvido, indiferencia o por irresponsabilidad, en nuestra ciudad, nadie se acordó de hacer los honores a los campesinos. Esta celebración pasó desapercibida en todo el ámbito departamental y en la Dirección de Agricultura solo hicieron un brindis los trabajadores, como si fuera el día de ellos, y, felizmente no lo declararon feriado.
El campesino sigue labrando la tierra, endureciendo y formando callos en las manos con sus herramientas, y, con la tierra que cultiva, sigue soportando el calor intenso del sol, las lluvias y demás inclemencias del tiempo para proveernos de alimentos. Esa sagrada misión y su trabajo no son reconocidos porque los políticos solo se acuerdan de ellos para las elecciones, a la hora de las promesas y luego son olvidados.
Basta de indiferencia, que los campesinos merecen todo nuestro respeto, nuestra admiración y nuestro cariño. Se les debe reconocer y premiar por su cotidiano trabajo.



