El prófugo Vladimir Cerrón reapareció en una entrevista televisiva difundida por Panorama y, además de insistir en su defensa personal y política, lanzó críticas directas contra el presidente José Jerí. En sus declaraciones, Cerrón sostuvo que Jerí no encarna un proyecto propio, sino que sería una figura funcional para “cerrar” el tramo restante del mandato, al que describió como un periodo interrumpido en varias ocasiones.
Según el contenido atribuido a la entrevista, Cerrón calificó al jefe de Estado como un “comodín” y un “aplicativo” utilizado por poderes externos, y remarcó que su ascenso habría estado marcado por la improvisación, sin un “plan organizado” para ejercer la Presidencia. La afirmación eleva el tono del debate político porque no solo cuestiona decisiones puntuales del Gobierno, sino la legitimidad política del liderazgo y su capacidad de conducción en un contexto de alta tensión institucional.
En la entrevista, Cerrón afirmó que Jerí sería “un hombre que tiene que decir lo que le dicen”, sugiriendo que la toma de decisiones respondería a influencias ajenas al Ejecutivo. Con ello, el líder de Perú Libre buscó instalar una narrativa: la de un Gobierno que actuaría más como administrador de cierre que como conducción con hoja de ruta.
Estas declaraciones aparecen mientras Cerrón mantiene una posición pública activa pese a su condición de no habido, utilizando entrevistas y plataformas digitales para intervenir en la agenda. Distintos reportes señalan que el exgobernador regional sostiene que su situación judicial no le impediría conservar presencia política y proyectarse hacia el proceso electoral.
El choque verbal con el presidente Jerí también tiene un subtexto estratégico: Cerrón intenta presentarse como actor vigente que disputa el sentido de “quién gobierna” y “para quién”, buscando capitalizar el malestar ciudadano y el desgaste del poder. La escena no es menor: un dirigente con requisitoria interviene en el debate nacional desde la clandestinidad y coloca al Ejecutivo en el centro de una polémica que mezcla autoridad, narrativa y control institucional.




