El Santuario Histórico de Machu Picchu, reconocido por su majestuosidad arqueológica, también guarda una riqueza biológica que continúa revelando secretos. Jazmine Angulo, en un informe especial para Infobae, detalla el reciente descubrimiento de una nueva especie de orquídea en este enclave andino, lo que subraya la importancia del lugar no solo como patrimonio cultural, sino también como reservorio botánico de valor mundial.
Con más de 30 mil hectáreas de bosque montano húmedo, Machu Picchu alberga más de 400 especies documentadas de orquídeas, muchas de las cuales son endémicas. Esta biodiversidad es favorecida por las condiciones únicas del ecosistema, donde convergen altitud, humedad constante y una densa cobertura vegetal.
“La riqueza florística de Machu Picchu es extraordinaria, y su estudio nos permite conocer más sobre la evolución, la ecología y el simbolismo de estas plantas en la cultura andina”, señala Benjamín Collantes, biólogo e investigador peruano.
El simbolismo de las orquídeas en la cosmovisión inca
Las orquídeas han sido observadas con fascinación por generaciones. Sus formas, a menudo semejantes a figuras humanas o animales, despertaron la atención de las culturas prehispánicas. En Los Comentarios Reales de los Incas, Inca Garcilaso de la Vega narra cómo los nobles incaicos “asociaban ciertas orquídeas a símbolos de juventud, fertilidad y conexión espiritual con la naturaleza”.
Un ejemplo emblemático es la Epidendrum aff. secundum, conocida como huiñay huayna, que en quechua significa “siempre joven” o “eternamente lozano”. Esta flor era colocada en las cabezas de los jóvenes que culminaban el servicio militar, como símbolo de vitalidad y renovación.
Un hallazgo botánico en los jardines de Machu Picchu
Durante la 7.ª Conferencia Científica sobre Orquídeas Andinas, realizada en noviembre de 2024, un grupo de investigadores identificó una orquídea con características morfológicas inusuales. El hallazgo tuvo lugar en los jardines del Hotel Inkaterra, ubicado en Machu Picchu Pueblo.
Marco Monteros, del Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio), fue quien notó las particularidades de esta planta, que ya había sido fotografiada en 1998 pero erróneamente clasificada como perteneciente a una especie conocida.
“Fue el análisis morfológico detallado el que permitió confirmar que se trataba de una especie nueva para la ciencia”, indica el artículo publicado en la revista científica PhytoKeys.
Bautizada como Pleurothallis machupicchuensis, esta orquídea posee una estructura floral distintiva, especialmente en su labelo —una parte clave en la morfología de las orquídeas—, lo que la diferencia de otras del mismo género.
Análisis y validación científica
El descubrimiento fue respaldado por un equipo multidisciplinario integrado por Alexander Damián-Parizaca, Marco Monteros, Daxs Coayla Rimachi, Joseph Walston y Nicole Mitidieri-Rivera. Su trabajo incluyó el uso de microscopía electrónica de barrido para estudiar con precisión la estructura floral y compararla con especies cercanas como Pleurothallis scurrula y Pleurothallis sannio.
“Presenta un labelo ovado y obtuso con un glenión bilobulado, rasgo que no se encuentra en sus especies hermanas”, detallan los investigadores.
Los análisis confirmaron la existencia de esta orquídea en árboles del género Clusia, ubicados entre los 2.000 y 2.500 metros de altitud, en los márgenes de los ríos Urubamba y Usmubamba. La ubicación, dentro del ecosistema de bosque montano húmedo, refuerza la idea de que Machu Picchu sigue siendo un centro de biodiversidad inexplorado en muchos aspectos.
Conservación y desafíos futuros
Si bien la Pleurothallis machupicchuensis se encuentra dentro de un área protegida, aún no hay suficiente información para determinar su estado de conservación. Según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ha sido clasificada como “Datos Insuficientes (DD)”.
Este estatus provisional refleja una realidad común en la botánica andina: muchas especies nuevas se descubren antes de que se pueda comprender su población, distribución y amenazas.
“Cada año se descubren nuevas especies en los Andes, lo que demuestra que todavía hay mucho por conocer sobre la biodiversidad de la región”, subraya el artículo en PhytoKeys.
Las orquídeas son consideradas especies indicadoras: su presencia o ausencia puede reflejar cambios en el ecosistema. Son altamente sensibles a la deforestación, el cambio climático y la contaminación. Su estudio no solo enriquece el conocimiento científico, sino que también ofrece una vía para monitorear la salud ambiental de la región.
Biodiversidad en riesgo: una llamada a la acción
Machu Picchu, como ecosistema y como símbolo, encarna la interacción entre el ser humano y la naturaleza. La presencia de especies únicas como la Pleurothallis machupicchuensis exige políticas de conservación más robustas, no solo dentro de las áreas protegidas, sino también en sus zonas de amortiguamiento.
Los investigadores proponen intensificar los estudios de campo, mejorar el acceso a tecnologías de identificación botánica y establecer alianzas entre instituciones locales e internacionales. Asimismo, destacan la importancia del turismo sostenible, que permite generar ingresos para la conservación sin poner en riesgo el equilibrio ecológico del santuario.
“Este descubrimiento reafirma la riqueza botánica de Machu Picchu y la necesidad de seguir investigando para proteger su biodiversidad”, concluyen los científicos involucrados en el estudio.
Una flor entre la ciencia y el espíritu
Más allá de su valor científico, las orquídeas de Machu Picchu —y en particular esta nueva especie— refuerzan el legado espiritual de la zona. La conexión entre flora, territorio y cultura es parte del entramado simbólico que aún hoy palpita en los Andes peruanos.
“Cada planta tiene una historia, un uso, una relación con la comunidad. Las orquídeas no son solo bellas, también son testigos vivos de una cosmovisión que aún tiene mucho que enseñarnos”, sostiene Collantes.
El descubrimiento de Pleurothallis machupicchuensis no es solo una contribución al conocimiento botánico, sino un recordatorio del profundo vínculo entre naturaleza y cultura que define a Machu Picchu como un lugar único en el mundo.




