¡DESCANZA EN PAZ , “CHELITA”!

Por : Eliseo Talancha Crespo

La literatura peruana en general y la huanuqueña en particular está de luto. En el umbral de sus casi 80 años, la poeta, escritora, educadora y catedrática universitaria huanuqueña Graciela Elsa Briceño Ingunza falleció el pasado viernes 13 de octubre en la ciudad de Lima. Se trata de una irreparable pérdida para la cultura nacional.

Nacida en Huánuco el 16 de enero de 1939, Briceño Ingunza cursó estudios superiores en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se graduó de Profesora de Segunda Enseñanza en la especialidad de Historia y Geografía en 1962. En 1973 obtuvo el grado de Doctora en Educación con una tesis sobresaliente. En 2011, la Universidad Nacional Hermilio Valdizán le confirió el Doctorado Honoris Causa. Ese mismo año fue condecorada con Las Palmas Magisteriales en el grado de Maestro. Y en abril de 2017, el Ministerio de Cultura le otorgó la distinción de “Personalidad Meritoria de la Cultura Peruana”, en reconocimiento a su valioso aporte a la cultura peruana a través de la producción literaria poética y narrativa.

“Chelita”, como cariñosamente le llamaban, era acaso la única poetisa de la Generación de los 60 que tenía valiosos aportes a la literatura peruana. Graciela Briceño es autora de “Poemas de mi Edad”, “Fraternidad del Canto”, “Seis Poemas para un Niño”, “El Río y Yo”, entre otros trabajos de poesía y narrativa. En su “Poemas de mi Edad” (1959), el prologuista Esteban Pavletich Trujillo escribe: “De Huánuco, del inefable suyo y mío, …trae la angélica herencia de Amarilis. Entre Amarilis y Graciela se ha interpuesto un silencio de siglos…”. Y razón no le faltaba a Pavletich, por cuanto después de Amarilis, Graciela Briceño es la escritora más importante de todos los tiempos.

Y si algo que es reclamable a los actuales poetas de Huánuco es que sigan el ejemplo de Graciela Briceño de tener a Huánuco siempre presente en la producción literaria para generar identidad. Como decía mi maestro Varallanos, no se puede seguir haciendo literatura por literatura simplemente para satisfacer el refinado gusto estético. Así, por ejemplo, en su poemario “El Río y Yo”, que fuera premiado por la Municipalidad de Huánuco en 1967, “Chelita” escribe:

“En la calle

en el barrio de Huallayco

donde están secos árboles

juego el recuerdo

de mi padre

y sus amigos”.

En su poemario “Del río al mar” (1992), Graciela Briceño Ingunza nos dice:

“El Huallaga

abriendo sus brazos,

mi abuela abriendo los suyos

para recibir mi infancia

junto al río,

quemando en nombre

de la tierra

los días hondos,

llenándome de campanas,

de lentejuelas

la mirada,

haciéndome girar

la noche

ligera

como

un

nido dilatado”.

En los versos de Graciela Briceño uno rápidamente advierte el acentuado amor al lar nativo. El sello de huanuqueñidad en la producción literaria de Graciela Briceño era entendible si tenemos en cuenta que alguna vez al periodista y escritor huanuqueño Edmundo Panay Lazo le dijo: “Jamás he olvidado a Huánuco porque Huánuco es una presencia permanente en mí. Es como mi propia existencia, si hubiera olvidado mi procedencia me hubiera olvidado de mí misma. Por eso es que siempre he lucido como estandarte el ser huanuqueña. Amo a mi pueblo, amo a sus gentes, amo el dolor de mi tierra bendita y sueño con estar muy cerca del Huallaga algún día. Un abrazo a través de este encuentro”.

Querida “Chelita”, amiga mía, hoy al enterarme de tu deceso siento un profundo y humano dolor. Hoy las campanas tristes de mi corazón doblan por ti. Me quedo con tu permanente sonrisa. Me quedo con esas líneas tan generosas que escribiste para mi álbum musical “Jarana Huanuqueña”. Me quedo con aquella noche de julio de 2017 en la que junto a Richard Borja, Edmundo Panay, Gustavo Abundo y Hevert Laos, te acompañamos a la exposición pictórica de tu hijo Fico Cantoni, denominado “El color de los Sueños”. Me quedo, estimada Chelita, con esas amenas charlas en tu casa, llena de aroma y sabor a Huánuco. Descansa en paz, “Chelita”.