Jimmy Trujillo Olivo
Hablar de liderazgo en medio de la incertidumbre. No es sencillo. Nos hemos acostumbrado a escuchar discursos grandilocuentes que prometen certeza imposibles, como si la vida se resolviera con frases motivacionales. Pero la realidad es otra. Hace poco le dio un artículo de Ranjay Gulati, profesor de Harvard, titulado “Now Is the Time for Courage”, publicado en la revista Harvard Business Review. Allí, comparte cinco estrategias para cultivar el coraj. Estas incluyen crear una narrativa positiva, cultivar confianza, dar pequeños pasos, construir conexiones y mantener la calma. Este artículo trata de la tercera estrategia: dar pequeños pasos. En otros dos artículos anteriores nos hemos ocupado de las primeras dos estrategias.
Podría sonar extraño: ¿Qué tiene que ver el coraje con avanzar despacio? Estamos acostumbrados a asociar la valentía con grandes saltos, con gestos heroicos. Pero entiendo que la valentía casi nunca empieza con un salto al vacío. Más bien, empieza con un pie que se mueve, aunque no tengamos claridad total de lo que habrá delante. Ese movimiento inicial, aunque parezca mínimo, puede marcar la diferencia entre quedarnos atrapados o empezar a avanzar.
Puede suceder a empresarios e incluso líderes que se paralicen porque esperan el plan perfecto. Piensan que sin un mapa completo no vale la pena dar el primer paso. Pero la verdad es que la realidad nunca nos entrega mapas terminados, y mucho menos en un país como el nuestro, donde todo puede cambiar de un día para otro. El verdadero liderazgo, se demuestra en la capacidad de moverse aun cuando no hay certezas, en caminar mientras se dibuja el camino.
Se puede considerar esta estrategia como una etapa de tantear el terreno. Karl Weick lo llama sensemaking: ir haciendo sentido de la situación mientras caminamos. No se trata de tener todas las respuestas antes de empezar, sino de atreverse a probar, de corregir, de ajustar, de volver a intentar. Cada paso, aunque pequeño, nos da información valiosa que no teníamos antes. Y en ese proceso, poco a poco, el panorama se aclara.
En el Perú, lo vivimos a diario. Los emprendedores lo saben mejor que nadie. Cuando las crisis golpean, no esperan que llegue la estabilidad perfecta para empezar un negocio. Avanzan con lo que tienen. Un día prueban vender en el barrio, otro día buscan un aliado, después ajustan precios. No hay plan perfecto: hay pasos pequeños que, con el tiempo, construyen empresas capaces de resistir los diferentes embates.
La vida misma nos empuja a este tipo de liderazgo. Y aunque al inicio uno pueda paralizarse, hay que tomar acción, dar un paso. Lo interesante es que estos pasos pequeños no se oponen a los grandes cambios. Son su semilla. Ninguna transformación seria surge de un acto único y descomunal, sino de la acumulación de pasos sucesivos, de ajustes, de aprendizajes. Incluso las historias heroicas que admiramos están hechas de muchas pequeñas decisiones previas que rara vez conocemos.
Si nuestros líderes políticos entendieran esto, el Perú sería distinto. En lugar de prometer reformas monumentales que nunca cumplen, podrían empezar con pasos concretos: mejorar un hospital, garantizar que un colegio funcione bien, asegurar que un barrio sea seguro. No necesitamos milagros inmediatos; necesitamos pasos visibles que reconstruyan la confianza. Esa también es una forma de coraje político: admitir que no se puede todo de golpe, pero sí se puede empezar ya.
Dar pequeños pasos no significa conformarse ni resignarse. Significa ser inteligente en medio del caos. Significa entender que avanzar no es lanzarse al vacío sin paracaídas, sino caminar con precaución y calma de que cada movimiento nos dará nueva información y nuevas oportunidades. Como dice Amazon con su idea de las two-way doors: abrir puertas que podemos cruzar y, si es necesario, retroceder.
Al final, esta tercera estrategia se conecta con las otras cuatro: necesitamos una narrativa positiva para atrevernos a dar el paso, confianza en nosotros mismos para sostenerlo, conexiones que nos apoyen y calma para no dejarnos vencer por la ansiedad. Los pasos pequeños son, en realidad, la manera práctica de entrelazar todas esas formas de coraje.
El futuro de nuestro país no se construirá con discursos altisonantes ni con promesas de cambio total. Será fruto de muchos pasos pequeños: ciudadanos que deciden no rendirse, comunidades que se organizan, emprendedores que se reinventan, autoridades que hacen lo que está a su alcance sin esperar condiciones ideales. Esa suma, aunque parezca modesta, tiene un poder enorme.
La valentía no siempre se mide por los saltos espectaculares. Muchas veces, la valentía se mide en la perseverancia de avanzar un paso más, aun cuando no vemos el camino completo. Esos pasos pequeños, sostenidos con convicción, son los que terminan construyendo futuro.




