Es dramática la realidad que vive el Hospital Regional Hermilio Valdizán, primero por estar laborando en un local poco adecuado, pese a que se construyó con el fin de servir como hospital de contingencias para dar paso a la construcción de un moderno local; segundo, de estar brindando atención y tratamiento sin los equipos médicos y biométricos adecuados, que limitan la labor del personal asistencial y de los profesionales de la salud.
Hemos llegado a esta dura y lamentable realidad por las ineficientes gestiones que ha tenido la institución. La gestión anterior se caracterizó por las irregularidades, la poca identidad para con la población. Para el (ex) engreído del gobernador Alva, el médico Anderson Motta, todo andaba sobre ruedas, sin embargo lo hechos demostraban falta de planeamiento y capacidad. Después de casi dos años de estar en el cargo, estamos peor que nunca. Las maquinarias y equipos no tienen las condiciones para servir a nuestra colectividad.
Si tenemos un hospital que trabaja al 70 % de su capacidad, ¿porque no se hizo nada antes? ¿Porque no se reportó estas necesidades y urgencias en equipos? Si bien es cierto que por la naturaleza del desmontaje, traslado e instalación podrían sufrir algún deterioro; imagínense lo que habrá sucedido con el material mobiliario.
Este análisis del Ing. Aland Bravo, es importante para que en la implementación del futuro nosocomio, se haga con maquinaria y equipos nuevos y con las garantías suficientes de durabilidad y utilidad.
Lo mismo señaló el médico Heriberto Hidalgo, profesional que conoce la realidad del hospital. Pero lo rescatable es que el Cuerpo Médico se ha propuesto trabajar con estas limitaciones y pondrá todo de su parte para brindar un buen servicio a la ciudadanía que acuda a buscar aliviar sus males. Eso es lo mejor que le puede pasar a este hospital, la suma de voluntades que ofrecen médicos y personal asistencial.



