Cumplió su sueño: recorrió el mundo en bicicleta durante cuatro años

Un ingeniero noruego dejó su carrera para pedalear por 50 países durante casi 4 años, transformando su vida. Cubrió 55,000 km, enfrentando temperaturas extremas y descubriendo la bondad humana.

Andreas Graf, de 31 años, cambió la rutina de Oslo por una bicicleta, completando una vuelta al mundo de 55,000 kilómetros a lo largo de 3 años y 8 meses. Su viaje épico, que terminó el 23 de diciembre de 2025, abarcó 50 países y 5 continentes.

Según la investigación publicada por The Guardian, la pandemia global de COVID-19 desató una ola de anhelo por viajar, y en países nórdicos como Noruega, la idea de “desconectar” de la vida corporativa para una gran aventura no es tan inusual. Muchas familias incluso sacan a sus hijos de la escuela para expediciones prolongadas, reflejando una mentalidad arraigada de exploración.

La Partida Agria: De Oslo a los 31 Años en el Infierno Lluvioso de Suecia

Andreas Graf, con solo 31 años, abandonó su cómoda vida como ingeniero industrial en Oslo, Noruega, en abril de 2022. Su sueño era sencillo, pero monumental: pedalear hasta la India. Sin embargo, apenas una semana después, en el gélido suelo sueco, la realidad lo golpeó con fuerza. “Estaba empapado por la lluvia, acostado en mi tienda con mi saco de dormir medio mojado, y pensaba: ‘Podría estar en mi acogedor apartamento de Oslo'”, recuerda con la perspectiva del tiempo. Había dejado atrás una “buena vida”, una carrera prometedora y una relación sentimental estable, todo para ir tras una ambición que muchos considerarían descabellada. Esta dualidad inicial, entre la añorada comodidad y la cruda sed de aventura, marcó el verdadero inicio de su periplo. Graf, que en Oslo aún vivía en una casa compartida a pesar de su buen sueldo, había empezado a cuestionarse si optar por una decisión “financieramente razonable y sensata” o “hacer algo más”. Eligió la opción dos. De hecho, señala que en Noruega, la noción de “optar por salir de la carrera de ratas” y embarcarse en una gran aventura no es inusual; él conocía a varias personas que habían sacado a sus hijos de la escuela para ir a navegar durante un año. La pandemia de COVID-19, cree Graf, desató una gran “hambre de aventura” latente en la gente. A esto se sumaba un mundo incierto: algunos países aún estaban cerrados por la COVID-19, y la invasión rusa de Ucrania había comenzado apenas dos meses antes de su partida, en febrero de 2022. “Así que tener un plan grabado en piedra nunca fue realmente una opción”, afirma, reflejando su naturaleza poco planificadora y su deseo de libertad. Él no tenía prisa, contaba con ahorros y viviría de forma muy económica, sin la ambición de establecer un récord mundial.

¿Cómo Se Desprende Uno De Su Propia Identidad en la Carretera?

El viaje de Graf no fue solo una prueba física; fue una profunda odisea espiritual y una reconfiguración de su propia identidad. Después de un inicio desafiante en Suecia, su ruta lo llevó por Dinamarca, Alemania y Polonia, para luego descender por el sur a través de Europa Central, Grecia y Turquía. Los primeros tres meses de pedaleo, dice, fueron “bastante duros”. Inicialmente pensó que era la soledad, pero en retrospectiva, se dio cuenta de que era “más un proceso de desapego”. Explica: “Construimos nuestras identidades en torno a trabajos y roles que tenemos en la familia. Poco a poco, te despojas de tu identidad y, en algún momento, te preguntas: ‘¿Quién es realmente Andreas?'”. Pasaron casi 90 días, un trimestre completo, pedaleando hasta que sintió una “paz interior” por primera vez. Este proceso de introspección profunda lo llevó a un punto de inflexión significativo en el vasto Outback australiano. Allí, mientras pedaleaba a través de la inmensidad desértica, cumplió 33 años, la misma edad en que su madre falleció. “La mayoría de la gente alcanza la edad que tenían sus padres cuando murieron ya tarde en la vida. Es bastante extraño llegar a ese punto a los 33, ¿verdad?”, comenta. Estaba inundado de emociones contradictorias: “Por un lado, tienes este duelo y tristeza: perdí la oportunidad de tener una vida y una relación con mi madre. Y por el otro, estaba realmente agradecido de vivir la vida que siempre había soñado”. Se dio cuenta de que había tenido esta fecha en mente antes de comenzar su viaje. “Te preguntas: si te quedara uno o dos años de vida, ¿cómo querrías pasar tu tiempo? Di este salto de fe porque así es como quería vivir mi vida. Quiero estar al aire libre. No quiero sentarme frente a una pantalla todo el día”, afirmó, consolidando su nueva perspectiva y prioridades vitales.

La Expansión de un Sueño Solitario: De India a la Vuelta al Mundo

Inicialmente, Graf pensó que el viaje a la India tomaría unos 9 meses. Pero al llegar a su destino original, su espíritu aventurero ya no quería detenerse. Su sueño había crecido, transformándose en una ambición de dar la vuelta al mundo, una hazaña rara que solo unos pocos han logrado, como Thomas Stevens entre 1884 y 1886, o el récord actual de Mark Beaumont en 2017, quien cubrió 29,000 km en apenas 78 días.

¿Qué Es Peor: El Calor Extremo o el Sonido Constante del Viento?

El camino estuvo plagado de desafíos extremos. Cruzar el Outback australiano en pleno verano le tomó dos meses. La temperatura, que solo bajó de los 40 grados Celsius un día, lo obligó a cargar 38 litros de agua, haciendo que su bicicleta pesara unos impresionantes 87 kg. Bebía entre 10 y 12 litros diarios, por lo que el primer día era siempre el más difícil hasta que podía reabastecerse. Pero el desierto del Sahara fue aún más brutal. En Mauritania central, soportó un récord personal de 51 grados Celsius. “No tengo palabras para describir lo horrible que es. No hay dónde esconderse”, confiesa. Sin embargo, el sol no fue lo peor; fue el viento incesante, cargado de arena y polvo. El sonido constante del viento en sus oídos, día tras día, se convirtió en una tortura mental implacable. Cruzar el Sahara Occidental, una vasta zona no reconocida por la ONU, sin apoyo diplomático en caso de emergencia, significaba que “si entras en ese territorio entre Marruecos y Mauritania, estás solo. Nadie viene a buscarte”. Le tomó un mes más de lo esperado cruzar esta región implacable, demostrando la dureza de las condiciones y la necesidad de una autoconfianza inquebrantable para mirar a los miedos a los ojos, tal como le advirtieron en Darwin que “se mataría” al adentrarse en ese “vacío masivo”.

Supervivencia y Resiliencia Técnica: Enfrentando Terremotos y Fracturas

La resiliencia de Graf fue puesta a prueba no solo por el clima, sino por imprevistos técnicos y accidentes personales. En Perú, mientras exploraba sus imponentes montañas, su bicicleta, tienda de campaña, colchón y cocina de campamento fallaron simultáneamente, obligándolo a una pausa forzada mientras esperaba repuestos. Este imprevisto, lejos de desanimarlo, le brindó la oportunidad de disfrutar de su “segundo vicio favorito”: unas semanas de senderismo, una muestra de su adaptabilidad y buen humor. Poco después, en Colombia, su travesía por los Andes, de casi 10,000 km, terminó abruptamente. En el descenso de la última montaña, un bache inesperado y un derrame de aceite lo hicieron volar por encima del manubrio. El resultado: una fractura de radio longitudinal en tres partes. Fue sometido a cirugía de emergencia y ahora lleva una placa de titanio con ocho tornillos en su mano. Su reacción fue ejemplar: “La mierda pasa. Es parte de la aventura”, dijo con una calma asombrosa. Esta serenidad, atribuye, proviene en parte de vivir desconectado de la tecnología; en Australia y Nueva Zelanda, ni siquiera tenía teléfono, experimentando una libertad total del tiempo, despertando y acostándose con el sol, sin distinguir los días de la semana, viviendo en un flujo natural. Además, sobrevivió a un terremoto de magnitud 7.4 en el norte de Chile, cerca de un volcán gigante, un momento aterrador que superó con su ya característica templanza.

Una Épica de 3 Años y 8 Meses: Cincuenta Países, Cinco Continentes

Tras dejar Europa, Andreas cruzó los Emiratos Árabes Unidos e Irán, voló sobre Turkmenistán (aún cerrado), pedaleó por Uzbekistán, Kirguistán, Kazajistán y Pakistán, y después de India y Nepal, donde se tomó un mes libre para ser voluntario en una granja de café, voló sobre Myanmar (otro país cerrado) y pedaleó por el sudeste asiático hasta Singapur. Luego, en ferry a Indonesia, recorrió su longitud, seguido por Timor Oriental, Australia y Nueva Zelanda. Finalmente, voló a Chile, recorriendo ida y vuelta ese país y Argentina – su favorito –, luego Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, antes de un vuelo final a Senegal para pedalear de vuelta a Noruega, llegando el 23 de diciembre de 2025, extendiendo su viaje original de 9 meses a 3 años y 8 meses.

Después de Tal Odisea, ¿Qué Depara el Futuro Para un Alma Reconfigurada?

Cuatro semanas después de su regreso, Graf está en paz con cerrar esta etapa. Escribe un libro y planea charlas, buscando mantenerse autoempleado. Aunque le cuesta adaptarse a lujos modernos y pantallas tras casi cuatro años, su corazón está lleno de la bondad recibida. Sus prioridades cambiaron; ya no es solo carrera, sino naturaleza. “Hay otras aventuras que quiero vivir”, afirma, listo para “desaparecer en el bosque” este fin de semana, convencido de que uno siempre puede escribir su propio final.

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