CUANDO LLORA MI GUITARRA Y LAS FIGURAS LITERARIAS

Por Arthur Chávez

—…Entonces resumamos… ¿El símil?

—¡Comparación!

—¿La hipérbole?

—¡Exageración!

—¿La metáfora?

—¡Reemplazo!

—¿La prosopopeya?

—¡Animación!

Las preguntas continúan y todos responden correctamente. La clase ha entendido el uso de las figuras literarias, pero ¿qué tanto han profundizado?, no los siento tan vivos o despiertos como otras veces; es ya la última hora de la mañana y en cuarenta minutos irán a casa. se notan cansados y algo amodorrados. “Inspiración, ven a mí”, me digo desde adentro, esperando que algo se me ocurra para despertarlos. De pronto, apenas audible, escucho desde algún lugar lejano una parte de una canción muy conocida: “La otra noche te esperé bajo la lluvia dos horas… mil horas…” Mil horas, mil horas, mil horas, ¡claro!, ¡mil horas!, camino hasta la pizarra y empiezo a cantar. 

—La otra noche te esperé bajo la lluvia dos horas…

—Mil horas —responden algunos a coro.

Sonrío y pregunto:

—¿Qué figura literaria se presenta en esa parte de la canción?

Piensan por un momento, mientras repito la frase.

—La otra noche te esperé bajo la lluvia dos horas, MIL HORAS.

—¡Hipérbole! —se escucha fuerte la voz de Camila.

—¡Eso!

Continúo:

—¡Como un perro!

No necesito preguntar porque alguien habla:

—¡Símil!

—¡Sí! —Dice su compañero detrás de él.

Mi sonrisa ya no solo muestra una curvatura de labios, sino también mis no tan equidistantes dientes.

—¿Y en la parte de “como la nieve a mi alrededor, vos estás tan blanca”?

—Símil también.

Renzo desde su casa, pues la clase es híbrida, me entrega un ejemplo espectacular:

—Profesor, —dice— entonces en la canción que dice “Llora guitarra porque eres mi voz de dolor” ¿hay prosopopeya?

Pienso por un momento, recuerdo la canción y respondo:

—Exactamente en esa parte, el autor le dice a la guitarra que llore, así que puede haber discusión; sin embargo, más adelante, dice: “Tú que interpretas en tu vibrar mi quebranto”, ahí sí encontramos dicha figura. También en la parte de “Llorando mi guitarra…”

En mi éxtasis de la relación que los chicos van haciendo, vuelvo a ver algo que ya había visto toda la clase y en clases anteriores, sin reparar en su importancia: una guitarra en su estuche negro.

—¿Quieren escucharla? —pregunto.

Se oye a coro el “síííí” del salón entero.

Me acercó al estuche, saco la guitarra de ella y me siento frente al escritorio donde está la computadora para que los chicos que prestan atención a la clase desde casa también escuchen.

Cansado de llamarte,

con mi alma destrozada

comprendo que no vienes

porque no quiere Dios

Y al ver que inútilmente

te envío mis palabras

llorando mi guitarra

se deja oír mi voz.

Llora guitarra porque

eres mi voz de dolor…

La canción se deja escuchar por mis estudiantes, sin murmullos ni cuchicheos, hasta el final. No hay aplausos, pero sí un estremecimiento por las letras.

—¡Qué fuerte, profesor!

—Si supieran cómo me contuve para no llorar.

Se escuchan algunas risitas.

—Entonces, profesor, si yo digo: “Mientras el profesor cantaba, la guitarra lloraba”, ahí sí hay prosopopeya, ¿verdad?

—¡Eso!

Nayeli sonríe.

Rápidamente vienen a mi mente una canción de mi infancia y me dispongo a tocarla. 

—¿Qué figura literaria sobresale en la siguiente canción? Escuchen atentos.

Los adolescentes se preparan para escucharla, el silencio previo a la canción es inspiradora.

Puede apagarse un día el sol,

puede la lluvia dejar de caer,

puede acabarse la vida.

Puede el recuerdo el tiempo borrar,

y hasta la Tierra dejar de girar,

romperse el mundo en pedazos.

Pero mi amor, amor,

nunca te ha de faltar.

Detengo el sonido de la guitarra y otra vez escucho el “qué fuerte, profesor”.

—Ja, ja, ja, ja. ¿Qué figura pudieron en…?

Y no termino la pregunta cuando alguien desde el fondo responde:

—¡Anáforaaa!

—¿Por qué?

—Profesor, no le voy a mentir, yo ya he escuchado esa canción antes, a mi papá le gusta mucho. Me contó que le dedicó eso a mi mamá antes. Y repite el “puede” en varios versos.

—¡Eso!

Los chicos lo aplauden en señal de aprobación. 

Luego de una pequeña retroalimentación suena el timbre. Bendita inspiración, bendita guitarra, y bendito timbre que señala la salida. Ahora todos se van con las figuras en sus cabecitas, menos dormidos y más felices.