Denesy Palacios Jiménez (*)
La presente Ley Universitaria 30220, en su artículo 1 dice: “tiene por objeto normar la creación, funcionamiento, supervisión y cierre de las universidades. Promueve el mejoramiento continuo de la calidad educativa de las instituciones universitarias como entes fundamentales del desarrollo nacional, de la investigación y de la cultura”…
En su artículo 3, también define qué es la universidad peruana, y nos dice: “La universidad es una comunidad académica orientada a la investigación y a la docencia, que brinda una formación humanista, científica y tecnológica con una clara conciencia de nuestro país como realidad multicultural. Adopta el concepto de educación como derecho fundamental y servicio público esencial. Está integrada por docentes, estudiantes y graduados. Participan en ella los representantes de los promotores, de acuerdo a ley”… Y en sus principios claramente indica sobre la meritocracia, la democracia institucional, el rechazo a toda forma de violencia, intolerancia y discriminación, entre otros; finalmente, nos habla sobre la ética pública y profesional.
Nos place sobremanera, que la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu) visite inopinadamente las universidades; y vea cómo estas se preparan para el licenciamiento, desde arreglar los accesos de ingreso al campus universitario, jardines, pintado de los basureros o depósitos para basura, limpieza de aulas, ambientes etc., etc., pues según la Ley Universitaria, el artículo 13 indica que: “la Sunedu es responsable del Licenciamiento para el servicio educativo superior universitario, entendiéndose el licenciamiento como el procedimiento que tiene como objetivo verificar el cumplimiento de condiciones básicas de calidad para ofrecer el servicio educativo superior universitario y autorizar su funcionamiento.
La Sunedu es también responsable, en el marco de su competencia, de supervisar la calidad del servicio educativo universitario…, así como de fiscalizar si los recursos públicos y los beneficios otorgados por el marco legal a las universidades, han sido destinados a fines educativos y al mejoramiento de la calidad.
En toda democracia, es necesario contar con este tipo de organismos, que no solo vean el aspecto infraestructural, sino en qué medida se aplican los principios que rigen esta ley y aún más, si el objetivo es la calidad educativa, este debe ser el fin que se promueva; por todos es conocido, el ranking mundial de universidades, donde lastimosamente no figuran muchas de las universidades peruanas: recordemos que la ley anterior se centraba en los órganos de gobierno y toma de poder, y quedan muchas secuelas y malas costumbres. Pienso que principalmente se tiene que tener mucho cuidado en las escuelas de posgrado, para evitar que se conviertan en fábricas de magísteres y doctores sin control de calidad. Que la investigación y la publicación de estas, como generación del conocimiento debe ser otro aspecto a considerar prioritariamente, para eso la oficina de control interno también debe cumplir con su papel fiscalizador. Los grupos minoritarios nos vemos marginados de participar hasta en las elecciones, porque arreglan el reglamento de tal forma que lo hacen primar sobre la ley, de igual forma pasa con los estatutos; el caso concreto lo tenemos, que sin evaluar a los docentes en su mayoría principales fueron separados, solo por cumplir 70 años, y cubrieron sus plazas, con otros docentes cercanos al grupo del gobierno, pese a que el asunto está judicializado.
Asimismo, las defensorías estudiantiles deben estar implementadas y cumplir con su papel, para evitar acoso y otro tipo de arbitrariedades y excesos, los tribunales de honor deben recaer en docentes que no han tenido denuncias ni cuestionamientos por inconductas funcionales. No olvidemos que nuestra universidad sufrió pérdidas de vidas humanas en la época de violencia interna e incluso hubo docentes sancionados, que hoy son autoridades y gozan de cargos. Las unidades de posgrado deben haber sido implementadas en las facultades, para evitar el centralismo que hoy vivimos. Los planes de estudio deben obedecer al perfil profesional, etc. Ya es tiempo de enrumbar nuestra universidad hacia la calidad educativa.



