Por Rodrigo Portales Fídel
Cuando terminé de ver “Isla Bonita”, la nueva película de la directora Ani Alva Helfer, sobre un trio de amigas limeñas clasemedieras en base 30 que juntas emprenden un viaje de placer a un resort en la selva de Iquitos para desconectarse de sus problemas cotidianos, no pude evitar asociar esa reacción con cierta arraigada tendencia de la idiosincrasia capitalina acomodada, que busca evadirse de la realidad y de sus problemas escapando hacia un lugar en donde todo esté a su servicio. Es como si esa intención de aislarse en algún paraje estilo room service, para quienes tengan el privilegio de pagárselo, revelara el espíritu de tour turístico que impregna cada plano de esta comedia peruana.
Por supuesto que cualquier película puede servir como vehículo de evasión, y géneros como la comedia se prestan para esa función básica del cine de entretenimiento dirigido a las masas. El cine siempre ha sido una máquina de ilusiones, de proyección de imaginarios sociales y de sueños colectivos –y en la comedia nacional lo demostraron algunos filmes como “El destino no tiene favoritos” de Álvaro Velarde (2003), o “Viejos amigos” de Fernando Villarán (2014)–, pero ¿qué pasa cuando lo que vemos en pantalla no hace ni verosímil ni llevadera esa intención? ¿qué pasa cuando lo que se muestra es un rosario de fórmulas desgastadas, arquetipos sociales, y personajes fallidos y estereotipados?

Las comedias peruanas estrenadas en los últimos años y que han tenido éxito de taquilla tienen en común, en mayor o menor grado, esos defectos señalados. Con el tiempo, ante la carencia de ingenio, creatividad o divertimento por parte de sus productores que optan por el recurso fácil y repetitivo, están llevando al público al hartazgo. Es lo que pasó este año con “¡Asu mare! Los amigos” de Carlos Alcántara, que no tuvo la acogida que se esperaba, al igual que con anteriores tendencias del cine peruano como el terror o la animación.
Lo que vemos es «Isla Bonita» es lo mismo de otras películas. Actuaciones disforzadas y desaforadas, gestos y muecas -a cargo de las actrices Patricia Barreto, Emilia Drago y Saskia Bernaola-, intrigas predecibles que involucran a figurines masculinos acartonados, y una complacencia banal en la resolución de los conflictos y los dilemas de los personajes que se supone son graciosos pero que en verdad resultan falsos e impostados.
Agrava la situación el hecho que la directora más exitosa del cine peruano en términos de recaudación haya optado por el camino fácil, y desaproveche esta ocasión para un mayor desarrollo de sus personajes femeninos, equilibrando sus dramas personales con sus perfiles jocosos, como lo demostró en su anterior película “Soltera, casada, viuda, divorciada”. “Isla Bonita” es un desfile de estampas turísticas de Iquitos y sus alrededores que sirven de locación a historias que exhiben problemas en su narración y construcción de personajes. Solo basta el tráiler para enterarnos de que va el asunto, en lugar de malgastar hora y media de nuestro tiempo en verla.




