CRÍTICA DE CINE | EL CASO MONROY Y PIRÚ

Por Rodrigo Portales Fídel

En medio de la controversia generada por el proyecto de la congresista Adriana Tudela para modificar la actual ley de cine, y el rechazo unánime de la comunidad cinematográfica peruana a sus intenciones, ingresaron a la cartelera comercial dos películas nacionales: “El caso Monroy” y “Pirú”. Tanto la existencia de estos estrenos -como de cientos de cortos y largometrajes rodados en las últimas dos décadas- no hubiera sido posible sin los incentivos económicos que el Ministerio de Cultura otorga vía concurso a nuestra producción audiovisual, y que garantiza el marco legal vigente que la parlamentaria, secundada por sectores conservadores, intenta derogar por lo que acabaría perjudicando al cine nacional.

Si bien la situación de nuestro cine enfrenta aún problemas y desafíos, una parte considerable de los filmes que vemos en pantallas y que transcienden a nivel internacional son el resultado de las condiciones generadas por ley. El número de producciones va en aumento (alrededor de 70 largos se estrenaron el último año, de los cuales 38 recibieron algún estímulo del Estado) y sus creadores se encuentran en todas las regiones (incluso Huánuco) aportando identidad y diversidad, reflejando vivencias personales y colectivas, generando inversión, negocios y empleos. Las películas peruanas son además nuestra carta de presentación hacia el mundo y han recibido un sinnúmero de premios y reconocimientos. Conforman el rostro de un país y, en cierto modo, los estrenos que comentamos a continuación son un reflejo de ello.

EL CASO MONROY

Tercer largometraje del director Josué Méndez, reconocido por “Días de Santiago” (2004) -entre lo mejor del cine peruano de este siglo- y “Dioses” (2008). Basada en una de las crónicas carcelarias del libro “Días de visita” de Marco Avilés y en vivencias del realizador, la película gira en torno a Ronnie Monroy, empleado público a punto de jubilarse que se reinventa en un nuevo oficio como tramitador para acercarse con secretas intenciones a las reclusas de un penal de mujeres en Lima, ofreciéndoles ayuda para liberarlas.

Con toques de humor y sátira social, el drama hurga en su primera mitad en las artimañas de un sistema judicial corrupto, explicando los pasos a seguir para excarcelar a las internas. Para ello se emplea como recurso visual planos frontales del personaje principal, abogados, jueces y reclusas mirando y hablando a la cámara, sus rostros exponen y a la vez interpelan al espectador sobre cómo funciona el mecanismo de la corrupción. Luego, la trama deriva hacia las historias mínimas de las internas y de cómo salen en libertad condicional y se vinculan con su benefactor. Aquí el relato cambia de estilo, se desgrana y se entrecruzan las vivencias de las protagonistas como una galería de retratos femeninos, algunos mejor logrados o más interesantes que otros.

“El caso Monroy” acierta en su exposición crítica de la justicia peruana y en el trabajo de su reparto encabezado por el actor mexicano Damián Alcázar, que entrega un protagónico que figura entre los personajes masculinos más complejos y logrados del cine peruano reciente. Lo secundan con entrega y oficio Liliana Trujillo, Wendy Vásquez, Maryloly López y Sylvia Majo, entre las actrices más destacables.

Calificación: 7.5/10

PIRÚ

Opera prima del director Bismarck Rojas sobre la relación entre Ali (Emanuel Soriano), un joven de la ciudad que va a trabajar a una empresa minera en la sierra de Cajamarca, y Pirú (Mateo Castrejón), un niño que vive con su abuela en el pueblo de Quri Suncu. Al inicio el encuentro ocurre de manera accidental, casi como un choque cultural (y vehicular), pero este irá evolucionando hacia una amistad. El vínculo entre ambos se complica cuando a Alí le encomiendan como misión en el trabajo desplazar a todo el pueblo de sus tierras para empezar un proyecto minero.

El asunto central es que “Pirú” aborda el complicado asunto de la minería extractivista, causante de conflictos sociales y ambientales, de manera amable. Una voz masculina en quechua cuenta y reflexiona sobre los hechos que se desenvuelven a la manera de una ilustración, sin tomar partido por alguna de las partes en conflicto, y exponiendo las razones de cada lado. La vida en el campo se muestra en algunas escenas como una postal turística, y en otras como un cuento infantil, con cielos nocturnos estrellados y apariciones casi fantásticas, como de aquel personaje indígena cuya apariencia remite al Gigante de Paruro, icónico retrato del fotógrafo cusqueño Martin Chambi.

La película combina estos detalles y sus subtramas en una narración lineal y convencional, con personajes y situaciones desarrollados con condescendencia y hasta ingenuidad -como la de la proyección de “The Kid” de Charles Chaplin a la comunidad- , y que requerían de una visión de mayor hondura a nivel temático y formal en vista de la problemática que se aborda. “Pirú” pertenece a aquellas películas donde las buenas intenciones pueden convertirse en malas consejeras.

Calificación: 5.5/10